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Mundial Brasil 2014: Un desahogo, un "Mineirazo" que no fue

El fantasma de la final perdida con Uruguay en 1950 apareció cuando Alexis Sánchez empató el aprtido. Después llegaron las tapadas de Julio César, tiros en los palos y los penales. Al final, Brasil ganó.

28 de junio de 2014 a las 05:47 p. m.
Agencia DyN
Mundial Brasil 2014: Un desahogo, un "Mineirazo" que no fue
Chile estuvo cerca, pero el que sigue es Brasil. (Foto: AP)

Fue una explosión, un desahogo. Fue ponerle fin a una tortura, porque eso era para los brasileños pensar en la eliminación. El travesaño le negó la victoria más importante de su historia a Chile y el palo izquierdo del arco que defendía Julio Cesar los despertó de un sueño que parecía posible.

Neymar se arrodilló en la mitad de la cancha y rompió en llanto, igual Hulk. David Luiz corrió descontrolado sin saber dónde ir ni con quién abrazarse. Felipao Scolari apretó los puños y corrió como pudo hacia el centro del campo.

En los penales, y gracias al guiño que le hicieron los postes, Brasil se liberó. Hubiese sido una mochila demasiado pesada de cargar para Neymar y compañía quedar eliminados en octavos de final en su Mundial. También para los millones de brasileños que por estos días respiran al ritmo del Mundial.

Los 60.000 fanáticos que desde muy temprano pintaron de amarillo al Mineirao esperaban una fiesta, pero debieron sufrir y mucho ante la tenacidad del equipo del argentino Jorge Sampaoli.

A más de tres horas del comienzo del partido, las calles del barrio Pampulha eran "verdeamarelhas" y las camisetas de Neymar se repetían de a miles en los alrededores del estadio. La cerveza corría y las piernas de los brasileños se movían al ritmo de la música.

Entre ellos, un ruidoso puñado de camisetas rojas que prometían sorprender al dueño de casa. La resistencia trasandina estuvo a punto de escribir su nombre en la historia grande del fútbol mundial, pero el destino, al menos el destino futbolero, los dejó con las manos vacías y le dio una vida más a un Brasil que mostró muy poco.

La herida que dejó abierta el "Maracanazo" de 1950 sobrevuela en todo momento en este Mundial, sobre todo porque el seleccionado está lejos de conformar a sus hinchas. Desde muy temprano la idea de un "Mineirazo" alimentaba el sueño de los chilenos y alarmaba a los locales, que preferían canalizar esos nervios con más cerveza y baile en la previa del partido.

Tan pesada es esa carga que el triunfo se festejó como un título. Por eso Neymar lloró con espamos, y por eso David Luiz corrió sin saber dónde ir. En las tribunas se abrazaron, también lloraron y se liberaron. Fue una explosión, un desahogo. Pero la mochila está ahí y la seguirán cargando porque a los brasileños sólo los conformará ganar su Mundial.