Mourinho, en su laberinto
Por su carácter, el DT de Real Madrid perdió la confianza del plantel. Hoy debe visitar al Barcelona en un partido decisivo por la Copa del Rey.
El portugués José Mourinho (48) aterrizó en el Real Madrid Club de Fútbol en mayo de 2010 con la idea mayor de borrar el complejo de inferioridad provocado por la hegemonía del Barcelona FC, el rival que lo lleva arrastrando de las orejas.
Para semejante tarea se necesitaba un hombre de testículos hipertróficos, capaz de atropellar y desacreditar la reputación más honorable que se tenga de la comunidad. A su llegada hizo bajar a Jorge Valdano como director general.
El objetivo principal comenzó a cumplirse. Los merengues obtuvieron la Copa del Rey y los fanáticos descontaron que el técnico será gran protagonista en la temporada.
"Real Madrid es mi religión y 'Mou' es mi profeta", rezó un cartel en la tribuna del Santiago Bernabéu. Los hinchas saben que Mourinho es un entrenador cuestionable cuyo único fin es ganar, sin reparar cómo. Aunque no todos están de acuerdo, como "Rafa" Nadal –madrileño de corazón–, que afirmó: "Hay cosas más importantes que ganar".
Sin embargo, alguien de mucho peso coronó a pleno su apuesta por el lusitano. Es Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, cuya primera etapa dirigencial se consideró un fracaso y ahora juega su última carta en la “segunda era galáctica” sabiendo que si Mourinho no gana nada, tendrán que marcharse juntos porque Pérez le sirvió al DT el club en bandeja de plata. Ocho millones de euros por cuatro temporadas traducen el más alto salario recibido por un trainner.
El riesgo es alto por un hombre que persigue la polémica y produce encontronazos con todo el mundo. El 3 de enero pasado, durante el descanso del partido de Copa ante el Málaga que iba perdiendo con dos errores de la defensa madridista, Mourinho culpó al arquero Iker Casillas y acusó a sus jugadores de haberse abandonado en Navidad. Aunque el equipo remontó el resultado, el técnico los “mandó al frente” con los periodistas.
La mayoría dijo que aquel día "se cruzó una línea que no se debe cruzar nunca". "Todo le parece mal, está siempre enfadado", comenta un jugador que también apunta la fractura entre los futbolistas portugueses y el resto de la plantilla, lo que presupone romper la unión del vestuario al hacer diferencias en el trato. Más allá de las discusiones tácticas, "Mou" se obsesionó por encontrar al que filtró la noticia de la lesión del argentino Ángel Di María, sin preocuparse de la imagen deteriorada fuera del club.
El ambiente del vestuario, por estos días, es irrespirable. El domingo, Real Madrid se impuso por 4-2 al Athletic Bilbao, pero el equipo de Marcelo Bielsa se adelantó 1-0. A pesar del triunfo, Mourinho se fue de su propia cancha con una rechifla de los hinchas como respuesta a los ultras que corearon su nombre. El portugués lo minimizó (“Aquí pitaron a Zidane, Ronaldo y Cristiano, ¿por qué a mí no?”).
Es que la derrota en el Santiago Bernabéu con "el Barsa" del miércoles pasado caló hondo en el ánimo merengue. El viernes, la charla técnica terminó en una discusión generalizada, donde el sevillano Sergio Ramos enfrentó al técnico porque no estuvo de acuerdo con las afirmaciones de "Mou", encabezando un distanciamiento formal.
Al plantel no le cayó nada bien que Cristiano Ronaldo sea el único salvado del descalabro del clásico pasado. Mucho menos, que se haya planteado un sistema ultradefensivo. “El Madrid no puede empezar ganando 1 a 0 y meterse atrás”, opinan muchos jugadores que perdieron la confianza del DT.
Hoy se jugará el partido de vuelta por los cuartos de final de la Copa del Rey y el Barcelona recibirá en su estadio al Real Madrid. Mourinho asumió toda la responsabilidad de la derrota (2-1) pasada. Tendrá esta tarde la chance de recuperar el espacio perdido o cuidar el cero. Cabe conocer si los jugadores le corresponderán a su técnico para tomarse una revancha que parece lejana en el Camp Nou.

