Un Messi mimado despertó a todos
La selección argentina goleó a una débil Costa Rica en Córdoba y se clasificó a los cuartos de final. El público cordobés ovacionó a “Leo”, quien jugó su mejor partido en el torneo y contagió a sus compañeros.
Lionel Messi jamás olvidará su paso por Córdoba. El público, que desbordó el Mario Alberto Kempes, se pronunció contundente: mimó y le dio todo su apoyo al crack rosarino, a quien ovacionó como nunca.
Fue la gran noche de Messi, quizá esa que siempre soñó tener con la camiseta albiceleste, con la gente jugando a su favor desde las tribunas, conocedora de que el protagonismo de "Leo" sería fundamental para que esta Argentina, que llegó a Córdoba a los tumbos y dubitativa, se enderezara.
Por eso, lo aplaudió de principio a fin y lo hizo sentir como en su casa, arropándolo como a un hijo dilecto y dándole el tratamiento del mejor jugador del planeta que es.Y Messi, envalentonado con semejante muestra de cariño, se convirtió en un puntal para que el seleccionado que dirige Sergio Batista ganara el partido que tenía que ganar y con el 3 a 0 a Costa Rica se clasificara a los cuartos de final de esta Copa América que hasta anoche sólo le había le había dado sinsabores. Así, nuestra selección, que mejoró su imagen (no hacía falta mucho) quedó segunda en el Grupo A y espera rival para jugar el sábado en Santa Fe.En el primer partido oficial de Argentina por los puntos en estas tierras, Córdoba, donde el seleccionado jamás perdió y ganó todos los partidos en el escenario mayor de su fútbol, volvió a darle una gran alegría al equipo nacional. Y fue justo cuando más lo necesitaba, en el momento en que todas eran dudas y en que las críticas por las malas actuaciones apabullaban.
La victoria sobre esta Costa Rica que pretendía arruinar el banquete nunca estuvo en duda, pero sólo comenzó a cristalizarse cuando Sergio Agüero anotó el gol del desahogo a los 45 minutos del primer tiempo. Irse al descanso arriba no sólo era merecido, sino que actuó como un calmante para un seleccionado que llegó con una presión única como la que significaba el peligro de que un mal resultado lo dejara pendiendo.
Pero claro, en este equipo juega un tal Messi, que anoche les demostró a quienes aún dudan de él sus ganas de brillar en esta selección, y a esa voluntad de hacerse cargo le sumó sus genialidades de siempre, representadas en esta ocasión por varias asistencias milimétricas, dos de las cuales terminaron en el segundo y el tercer gol argentino. Cada vez que "Leo" arrancó, el "oh" del público aturdió como un grito esperanzador que, siempre, terminó en una ovación. Incluso cuando Agüero marcó el segundo tanto en notable definición, el coro fue para el crak del "Barsa".A Messi sólo le faltó su gol y que Javier Pastore, pedido hasta el hartazgo, entrara antes para sumarse como socio a su concierto de toques.Las más de 57 mil personas que asistieron al Mario Kempes, y que entre otras cosas se dieron el lujo de ovacionar en persona al "Matador" dueño del estadio, jamás se olvidarán del primer día en que Argentina jugó por los puntos en su casa, pero mucho menos esta noche histórica en que Messi se reencontró con la gente y fue ovacionado como pocas veces lo hicieron en su vida vistiendo la celeste y blanca. Y con él, Argentina recuperó el aliento y pasó con éxito la primera de sus cuatro finales.