Mendoza, una nueva casa para la selección
Primera vez por los puntos. Como ocurrió en Córdoba, la presencia del equipo que dirige Sabella en la ciudad cuyana revolucionó a todos. De esta forma, el representativo nacional es más popular.
El Diplomatic Hotel luce imponente. La selección argentina parece alejada de todo.
Salvo los gestos de "Leo" Messi y de Agüero, de prestarse a la requisitoria de algunos deportistas con capacidades diferentes, nada más se supo de la selección hasta que salió para ir a reconocer el campo de juego del Estadio Malvinas Argentinas o cuando salieron para el mismo partido.
Mendoza, como ocurriera en Córdoba, fue una caja de resonancia que se animó a albergar el mundo de la selección de Messi, de los galácticos, de Sabella, del reaparecido Julio Grondona, de su nuevo colaborador, Marcelo Tinelli. Fue la primera vez que contempló la presentación Argentina por eliminatorias, como pasó en Córdoba, el 7 de septiembre pasado.
Las enormes peatonales mendocinas amanecieron desde el jueves –el día que llegó la selección– con motivos albicelestes. No sólo por el merchandising que se ofrecía al paso sino también por los negocios que arreglaron sus vidrieras acorde al evento internacional.
Otro tanto ocurría en las barrios mendocinos. "Hoy comemos afuera, vieja", fue la promesa que recibieron varias patronas, beneficiadas porque había que ir a ver a la selección y como el regreso iba a ser pasada las 0 hora, nadie les iba a pedir que cocinaran.
El estadio lució repleto. La llegada fue ordenada, todos trataron de exigir sus motivos. Esas historias que los une a la selección. Tener a Messi en la camiseta, un pantalón, en un gorro, en el celular.
De cualquier forma y manera, el crack rosarino es el símbolo identificatorio más poderoso que ha unido a la gente con la selección. Después, de varios años.
En Córdoba y Mendoza, sobre todo se nota que si no hay gol o actuación gravitante de Messi, a la selección le falta algo.
Ahí, en las afueras del estadio, se vio a un grupo de 70 cordobeses que llegaron de la mano de la empresa Beggia.
"Es una emoción nos gustaría que hubiera cordobeses como Pastore o Vázquez", decía Abel Ormeño. "Compro la camiseta de Messi, pero quiero una de Farré o de el buzo de Olave con el escudo de la selección", decía José Alfaro.
“Vamos, vamos muchachos. A ubicarse”, apuraba el coordinador Eduardo Nicolini para que todos tomaran sus ubicaciones.
También se vio a Ricardo Baffaro, hombre fuerte de la Agencia Córdoba Deportes y de la Liga Cordobesa, y al empresario local Omar Verzellini.
Esos cordobeses se integraron a un concurrencia estimada en 40 mil personas. Las que poblaron el remodelado estadio Malvinas Argentinas.
La reventa y la falsificación
La búsqueda por una entrada fue un clásico que varios se animaron a jugar.
Aquellos que especularon hasta último momento porque les dieron el permiso laboral medio tarde o porque llegaron con la plata sobre la hora.
Y fue riesgoso. Varios buscas ofrecieron entradas a plateas descubiertas a 750 pesos, siendo que el precio oficial era de 90 pesos. A otros les tocó lidiar con una entrada trucha.
"Suerte que lo pude encontrar y me devolvió la guita. Casi lo mato. Hay un amigo que compró cinco y no se dio cuenta que la numeración era la misma", dijo Nicolás Juan, quien se hospedó en el hotel donde estaba Mundo D.
La selección generó esa necesidad. La de verla a cualquier precio. Eso es lo que nunca cambiará.