Maradona tiene la pelota en sus manos
A la espera de su decisión. La semana que viene vuelve al país Julio Grondona, el titular de AFA, y recién ahí puede haber certezas sobre el futuro de Diego. Si el “10” quiere, seguirá como DT. Además, el Gobierno lo apoya.
La pelota sigue estando del lado de Diego Maradona. Y la AFA (o Julio Humberto Grondona, que es lo mismo) seguirá sin hacer nada para sacársela. Pero sólo por ahora.
Recién a partir del lunes o martes próximos, cuando el mandamás del fútbol argentino regrese de Sudáfrica, comenzarán a acelerarse los tiempos para definir si Diego continuará al frente del seleccionado argentino o, bien, habrá que empezar a buscarle un reemplazante.
A diferencia de otras veces, Grondona no tiene sus manos totalmente libres para tomar una decisión. El Gobierno nacional, a través de la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, ha dado señales públicas de apoyo a la continuidad de Maradona. Y si algo no quiere el titular de la AFA es enemistarse con sus socios en las transmisiones televisivas del fútbol.
De allí que este respaldo oficial será un elemento que Grondona tendrá en cuenta a la hora de las decisiones. Tanto como su olfato y la opinión de sus hijos, Humberto (secretario técnico de los seleccionados juveniles) y Julio (presidente de Arsenal).
El juego de las convenienciasAlgunos creen ver en el repentino apoyo del Gobierno a Maradona una devolución de gentilezas: no se olvidan que Diego compartió el estrado con la Presidenta y con Grondona, la tarde en que se anunció en el predio de la AFA la ruptura del contrato con Torneos y Competencias y el advenimiento del Fútbol para Todos. Otros ven en la frase "Aguante Maradona", que Cristina Fernández lanzó el lunes en un acto en el conurbano bonaerense, un frío cálculo de conveniencias políticas.
Según encuestas que maneja el Gobierno, la figura de Maradona no ha sufrido gran desgaste tras la eliminación del Mundial y no se lo identifica como el responsable del 0-4 ante Alemania. Su condición de ídolo que perfora todos los niveles socioeconómicos parece haberle abierto un paraguas de protección. Y el Gobierno ha tomado nota de esto. Piensan en Olivos y en la Casa Rosada que podría sacarse algún rédito político si se consiguiera la renovación del contrato de Diego, terminado luego de la derrota del sábado pasado, a través de una movida impulsada desde el más alto nivel de decisión.
Al margen de todas estas especulaciones, Maradona sigue recluido en su casa de un barrio cerrado de Ezeiza sin saberse aún si ha superado su depresión luego de la goleada que sufrió el representativo albiceleste en Ciudad del Cabo. Quienes lo vieron tras la bienvenida popular que se montó al regreso del seleccionado argentino en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza dijeron que estaba golpeado como si hubiera perdido a un ser muy querido. Pero eso fue el domingo.
A seis días del 0-4 y en veda autoimpuesta de contactos con la prensa (sus periodistas más cercanos y confiables aún están en Sudáfrica), sólo su novia, Verónica Ojeda; su ayudante de campo, Alejandro Mancuso, y sus asistentes personales saben qué está pasando por su cabeza, si quiere o no quiere seguir, si tiene hambre de revancha o no. Acaso, la próxima semana rompa el cerco de silencio y dé a conocer su decisión. "Es la única persona del país que puede hacer lo que quiera", dijo esta semana Grondona desde Sudáfrica. Su idea es dejarlo tranquilo pensando en su futuro. Pero no por mucho tiempo más.

