Los dramas de la selección: Delirios de grandeza y errores históricos
Opinión de Carlos Schilling, de La Voz, para Mundo D.
Uno de los grandes problemas del fútbol argentino es el delirio de grandeza que ha sufrido en distintos períodos de la historia, con un solo paréntesis entre el estrepitoso fracaso del Mundial de 1958 y el exitoso Mundial de 1978. El 6 a 1 contra Checoslovaquia en Suecia y 4 a 0 contra la Holanda de Johann Cruyff en 1974 marcaron los hitos de nuestra más honda depresión.
Fue César Luis Menotti quien erradicó el complejo de inferioridad que durante esos 20 años padecieron futbolistas y técnicos argentinos respecto del fútbol europeo. Pero tal vez los dos mundiales ganados en un período de 12 años, la aparición de Diego Maradona y luego la de Lionel Messi, volvieron a propulsarnos a una altura desde la cual siempre duele más la caída.
El fracaso o la frustración –para citar la palabra que usó Jorge Sampaoli– se debieron a múltiples causas en Rusia, muchas de ellas ajenas al juego en sí mismo. También hubo errores tácticos y estratégicos que ya fueron señalados con morbosa insidia desde el sábado al mediodía y que se prologarán hasta que la AFA nombre a un nuevo director técnico.
Pero creo que el componente distorsivo que tiene el delirio de grandeza no fue señalado en sus efectos concretos por los analistas, pese a los múltiples ensayos de psicofútbol espontáneo a los que asistimos desde que Argentina empató con Islandia en la primera fecha.
Sampaoli estaba demasiado convencido de que Argentina tenía un potencial superior a todas las selecciones y de que además contaba con el mejor jugador del mundo. Esa percepción distorsionada de la realidad la impidió ver el milagro que significaba ganarle 2 a 1 a Francia en los 50 minutos del segundo tiempo. Ahí tenía que meter dos cambios defensivos y ver si los franceses podían traducir su velocidad física a velocidad mental.
Fue un instante histórico, pariente lejana de aquella oportunidad perdida en el Mundial de Estados Unidos en el que la Argentina, en vez de salir a empatar ante Bulgaria, decidió exponer su heroicos sentimientos maníaco depresivos por la suspensión de Maradona, y terminamos terceros en la zona, lo que nos condenó a jugar sólo tres días después contra Rumania, que nos entregaría en mano el certificado de eliminación.