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Análisis. Lo que dejó el título de Talleres: causalidad y pasión para la historia albiazul y cordobesa

Análisis de la conquista del club de barrio Jardín, tras vencer a River en Asunción, Paraguay.

07 de marzo de 2025, 10:15
Lo que dejó el título de Talleres: causalidad y pasión para la historia albiazul y cordobesa
La fiesta de Talleres para festejar el título. (Javier Ferreyra / La Voz).

El 5 de marzo de 2025 es una fecha que quedará marcada a fuego en la riquísima historia de Talleres, esa que indica que en estos 111 años de vida, desde su fundación el 12 de octubre de 1913, tuvo al protagonismo, a la ambición y a la grandeza como motores distintivos.

La felicidad y el orgullo de la familia, del pueblo, de la comunidad, de la hinchada y de la totalidad de quienes se identifican con los colores y la idiosincrasia albiazules explotan, sin dudas, cualquier instrumento que se pueda elegir por estas horas para medir la magnitud de semejante consagración, y el grado de lógica y merecida euforia.

Talleres nunca pasó inadvertido en la historia del fútbol argentino, ni hablar del cordobés, que lo tiene como una de sus principales actores. El club de barrio Jardín fue, es y será una referencia absoluta para la provincia y para el país, donde desde el interior supo forjarse y ganarse un lugar en un fútbol que, como toda Argentina, se rige por el centralismo porteño.

Su aporte ha sido permanente por sus históricos equipos, por sus talentos, por sus jugadores de selección, por su enorme legión de hinchas (ahora traducida en más de 70 mil socios y camino al centenar) y también por sus dirigentes, como Amadeo Nuccetelli en los ‘70 y los ‘80, o Andrés Fassi hoy, quienes han sabido interpretar, gestionar, administrar y defender tamaña grandeza, cada cual a su manera, pero con el mismo desafío: hacer a la “T” cada vez más grande.

A toda esa certeza histórica, Talleres le colgó, el miércoles en Paraguay, una estrella que perseguía y tenía cerca desde hacía un buen tiempo. “Talleres campeón”, grande y en letras de molde, era la ambición de un pueblo albiazul que ya desesperaba por la vuelta, aunque ninguna decepción pudo desactivar ese sostenido intento basado en argumentos sólidos.

Después de haberse recuperado de penurias institucionales como la quiebra y deportivas como descensos tan dolorosos como impensados, la “T” supo cómo volver a ser, cómo reconstruirse, cómo revivir. Con esa historia rica nutrida de hechos positivos y de los otros como respaldo y aprendizaje, desde que Andrés Fassi asumió en noviembre de 2014 la presidencia, el crecimiento del club fue ininterrumpido en lo institucional, lo social, lo administrativo, la infraestructura y lo deportivo. Los indicadores son favorables por donde se los aborde y por eso este título (conseguido nada más y nada menos que frente a un River más millonario que nunca) iba a llegar más temprano que tarde.

Es un premio a la causalidad, lejos de la casualidad (dinámica del fútbol al margen), al trabajo incansable, a la convicción de optar por un camino (hay varios y la mayoría validos) y honrarlo, a la capacidad y a la pasión, esa sin la cual nada es posible.

Talleres es campeón en el fútbol argentino. Se subió a lo más alto del podio. Su gente vive horas de indescriptible alegría y orgullo. Y la plaza Córdoba, que desde hace un buen tiempo se nutre de clubes saneados y protagonistas, atesora que un hijo dilecto lleve su bandera bien arriba. Y también lo disfruta porque suma, contagia y desafía para que el fútbol mediterráneo alimente cada vez más su grandeza.

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