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Lo mejor que se vio en el Argentina-Chile en el Monumental: Messi y nada más

“El 10” le dio la victoria a la selección argentina sobre Chile con un penal que inventó Di María. Otro capítulo del mito que supera a la propia disciplina.

24 de marzo de 2017 a las 08:47 a. m.
Lo mejor que se vio en el Argentina-Chile en el Monumental: Messi y nada más
Adentro. Messi colocó el disparo y Claudio Bravo fue para el otro lado. Con su talento y algo de fortuna, Argentina venció a Chile por 1 a 0 y hoy se está clasificando al Mundial 2018. (Foto: AP)

El momento es mágico e inigualable. Y se puede entender con un golpe de vista por qué en Barcelona ir al Camp Nou a ver un partido de Lionel Messi en vivo ya es una parte ineludible dentro del tour turístico de una ciudad maravillosa. Pero tanto o más maravilloso es sentarse en ese teatro europeo a ver a este rosarino hacer sus diabluras con la pelota. Como un actor que improvisa cada noche un texto distinto para su obra, Messi puede inventar una nueva jugada jamás vista esa noche. Entonces la entrada ya se paga sola.

Anoche, los argentinos que estuvieron en el Monumental de Núñez pudieron (otra vez) darse ese lujo. Porque verlo a Messi es un lujo. Sus arranques por derecha, la pausa para frenar la pelota contra la parte de adentro de su botín izquierdo, un pelotazo cruzado de una precisión matemática que ni en la Facultad de Ciencias Exactas pueden explicar. Y mucho más.

Entender el significado de lo que encierra ver jugar a Messi es meterse de lleno en la historia misma del deporte. Porque es de esos mitos que superan a la propia disciplina que practican. Cosas como estas pasaron con Michael Jordan en el básquet, Muhamad Alí en el boxeo, el gran Juan Manuel Fangio en los autos. Genios que logran romper a su propio deporte.

Messi, contra todos los reparos y los comentarios que (cada vez son menos) ponen en la picota su compromiso y su efectividad en las finales con la selección, volvió a dejar claro su compromiso con el fútbol nuestro.

Otra vez se calzó la “10” y afrontó un partido bravo, difícil. Pero jamás se escondió y menos que menos dejó de hacerse cargo de un equipo que está lejos de ser eso, un equipo.

El conjunto de Bauza, por ahora, no logra demostrar una cohesión y una idea. Es sólo dársela a Messi, cando se puede. Y Messi… Messi asume su rol de “Messi” en este equipo y en el que sea. Como lo hacía de niño en las divisiones inferiores de Newell’s. Toma la pelota y va.

Anoche, ante los chilenos, volvió a dejar imágenes como esas que se hacen virales y lo encuentran solo, tratando de gambetear a cinco rivales. Con los de su misma camiseta a kilómetros de distancia (futbolística).

Pero no son jugadas “para la foto” ni mucho menos. Son evidencias de su superioridad y también de la falta de acompañamiento. Algo que no será sencillo de cambiar, más aún cuando el cordobés Paulo Dybala no pueda estar, por lesiones o porque el propio DT no se anima a juntarlos.

Igual, y ante todos los impedimentos, Messi es el mismo de los teatros europeos. Y aunque aquí estemos a años luz de ese fútbol tan marketinero, el Messi nuestro es más nuestro con todas estas contras. Con el barro de acá en la camiseta. Porque hasta se tiró al piso a recuperar dos, tres y cuatro pelotas.

Su participación ineludible en un triunfo que urgía no hace más que ensanchar una figura que nunca conseguirá ser indiscutida. Anoche la gente fue a verlo a él y poco importan las finales perdidas.

La historia de Messi es esta y debe leerse así. Como capítulos tristes y otros felices. Como una obra de teatro que va camino a su final, incierto aún.

Por lo pronto, cuando Messi sale de la cancha entre aplausos entendemos que la vida es eso que se nos pasa entre hoy y la próxima vez que veremos a Lionel en vivo y en directo.