Latorre: A Riquelme lo desplazaron entre Falcioni y la dirigencia
El ex jugador de Boca y actual comentarista deportivo estará esta semana en Córdoba para disertar en el Congreso Internacional del Fútbol. En una charla abierta con Mundo D, habló de su ex club, River, Belgrano, Instituto y Talleres.
Pasaron ocho años desde que Diego Fernando Latorre, próximo a cumplir los 43, dejó de jugar al fútbol, tras una carrera de 17 temporadas, de las cuales, la mitad las cumplió vistiendo la camiseta de Boca Juniors."Gambetita" fue aquel delantero habilidoso, veloz y desequilibrante, quien con la xeneize ganó tres títulos internacionales (Supercopa 1989, Recopa Sudamericana 1990 y Supercopa 1992) y que con la albiceleste de la selección nacional festejó la obtención de la recordada Copa América de 1991. Latorre, además, conformó una inolvidable dupla goleadora en Boca con Gabriel Batistuta y atesora el privilegio de haber sido comparado con el más grande de todos los ídolos del club: Diego Maradona.
Desde que colgó los botines, Latorre, en su rol de comentarista de Fox Sports y Radio Del Plata, y de columnista del diario Olé, se dedica a analizar del fútbol desde la perspectiva del ex jugador, de aquel que por su experiencia puede descubrir lo que el común de la gente no ve en las imágenes televisivas, después de haber corrido canchas de todo el mundo y esquivado patadas de todo tipo.
En ese rol de analista expondrá sobre la relación entre el periodismo y el fútbol, en el Sexto Congreso Internacional del Fútbol, que con la organización de Omar Verzellini, se realizará el jueves y el viernes próximo en las instalaciones del Hotel Sheraton.
Antes de su viaje a Córdoba, una provincia a la que lo unen sentidos recuerdos de su etapa como jugador, tuvo una larga charla con Mundo D en la que, con claridad conceptual y de expresión, habló de todo: Boca, River, la selección nacional, Belgrano, Instituto, Talleres y de alguno que otro partido que jugó en el entonces Chateau Carreras y ahora remozado Estadio Mario Kempes.
–Ya llevás algunos años dedicado a analizar el fútbol. ¿Pudiste disociar al jugador del periodista?
–Ese es un proceso interno, de cada persona, y que no depende del tiempo. Lograrlo fue una de las metas cuando me metí en esto del periodismo seriamente y no como un pasatiempo o un hobby. Si bien podía aportar de mi experiencia, no quería que el jugador interfiera en mis comentarios y aportes periodísticos.
–¿Sos periodista deportivo recibido?–No. Hice cursos, leo mucho y tuve una orientación antes de 2006 con una profesora, pero nada más.
–¿Qué estilo de periodismo cultivás o preferís?–Trato de evitar la polémica, el sensacionalismo, el amarillismo. En el periodismo futbolero actual hay mucho de eso, un ámbito en el que no me siento cómodo. Cuando tengo que tocar un tema de relaciones humanas o en el que tenga que criticar algún aspecto de alguien, me cuesta, porque yo también he cometido errores y he sido un poco víctima de esa angustia por la que pasan los protagonistas. Quiero aportar, desde el lugar de mi experiencia, una visión que permita aclarar o ejemplificar lo que a lo mejor, a quien no es o fue futbolista, le cueste comprender.
–¿Al no salir campeón de la Libertadores y con la ida de Riqueme no creés que comienza a cerrarse el ciclo de Julio Falcioni en Boca?–Al contrario. Creo que Falcioni tiene el aval de la comisión directiva para seguir, porque, justamente, entre la dirigencia de Boca y Falcioni desplazaron a Román. Ahora tiene el camino allanado para tener su equipo y Riquelme ya no entorpecerá ni será un factor determinante para que Falcioni cambie su manera de proceder en el armado del equipo.
–¿Es una simple opinión tuya o tenés datos ciertos de lo que afirmás?–Fue así. Cuando yo digo desplazar, me refiero a una serie de hechos muy minuciosos, puntuales, chiquitos y nada graves, que fueron llenado el vaso. Todos sabemos que nunca hubo una comunión futbolística entre Falcioni y Riquelme. Son la antítesis. Entonces, al ratificar a Falcioni, la dirigencia sabía lo que sucedería después. Hubo un desgaste inevitable, que hizo crisis al no poder ganar la Libertadores, que, presumo, era el único motivo que mantenía a Román en el equipo.
–¿Creés que Riquelme planteó la disyuntiva "Falcioni o yo"?–No. Falcioni se aferró al cargo en todo momento, tolerando a Riquelme. Y creo que hubiera seguido tolerándolo porque nadie quería tomar la decisión impopular y políticamente no correcta de echarlo. De a poco fueron empujando a tomar esa decisión. Falcioni tiene derecho a optar por los jugadores que quiera, porque para algo es el DT. Pero me parece improcedente la forma en que tomó la decisión, de no tener la valentía de ser uno mismo y bancarse la que venga.
–¿Esto llegó a ser un cabaré, como dijiste en 1998 respecto de un plantel de Boca que integraste?–Perdóname, pero esa es una pregunta que no corresponde responder...
–Sin Riquelme, ¿cómo creés que será el nuevo Boca de Falcioni?–Para mí será un equipo más auténtico de Falcioni, que privilegiará el equilibrio desde lo posicional, más estructurado, más hermético, seguramente con un 4-4-2. Con Riquelme estaba obligado a romper esa estructura.
–Hablemos de River. ¿Qué opinás de la decisión de Almeyda de prescindir del "Chori" Domínguez y Cavenaghi una vez conseguido el ascenso?–Es sugestivo que Almeyda, después de sostenerlos durante 38 fechas, les diga que no entran en sus planes porque no coinciden con su perfil futbolístico o porque quiere un equipo más rápido. Es una contradicción, porque les está diciendo que los bancó todo ese tiempo sin estar verdaderamente convencido. Fue un riesgo para River y para él. Y eso, precisamente, no habla demasiado bien de él.
–¿La tendrá difícil San Lorenzo tras lograr mantenerse en Primera?–Me parece que sí. Tiene un plantel muy remendado, sin una base futbolística firme, con jugadores que se van y no son repuestos por otros de la misma calidad. Son como pedazos de equipos que van quedando en el camino. Y después construir un plantel cada seis meses o un año no es tan sencillo. El fútbol se nutre de hábitos, es permanecer, estar con los compañeros, crear un clima dirigencial y económico que colabore con el equipo. Cuando eso no existe, es lógico que lo que haya sea descartable y de mala calidad.
–Pasemos a la selección nacional. ¿Qué le falta para que termine de gustarle a la gente?–Creo que lo que le falta es sostener una idea, con convicciones más firmes y que no sea todo tan volátil y cambiante. Que el equipo tenga una identidad. Y en algunos puestos claves, como los laterales, centrales y volantes por afuera, conseguir una mejor calidad de futbolistas, que aporten más variantes y soluciones de juego. Por tener a Messi o Agüero no se puede abonar la idea falsa de que se las arreglen los tres de arriba y los de atrás sólo se encarguen de mantener el cero.
–¿Qué opiniones te merecen el presente de Belgrano, Ricardo Zielinski y Armando Pérez?–Alrededor del fútbol está también el mundo del espectáculo. El jugador y los técnicos pasan a ser piezas de esa variable. "El Ruso" Zielinski no entra en ese molde. Es un ejemplo de supervivencia, de buen hacer y de discreción, en una institución muy seria en los últimos años y que ha crecido y contenido a sus jugadores. Belgrano no tiene cracks, pero con una base firme pudo hacer un muy buen torneo. A Pérez no lo conozco personalmente, pero cuando vine a comentar Belgrano frente a River para la radio, me interiorizaron de todo lo bueno que hizo y está haciendo por el club.
–¿Seguís el Argentino A? Me imagino que sabés que Talleres arrancará su cuarta temporada en el torneo.–No lo puedo seguir mucho, pero sé que a Talleres le debe estar costando mucho este torneo en el que se viaja mucho, hay mucha paridad y las canchas no son buenas. Y tiene que convivir con esa presión, esa necesidad, ese mandato que le da su historia de tener que subir sí o sí.
–¿Sabés que Javier Villareal volvió a Talleres para jugar el Argentino A?–Es una gran noticia. Mándenle un saludo de mi parte. Y también a "Villita" (por José Luis Villareal), de quien siempre guardo un gran recuerdo.
"A Instituto le faltó fortaleza mental para ascender"Latorre aseguró haber "disfrutado mucho" del juego de Instituto en el último torneo de la B Nacional, pero opinó que le faltó "fortaleza mental" para ascender.
"Tuvo un gran funcionamiento durante tres cuartas partes del torneo, pero esa idea futbolística debió ser sostenida con una fortaleza mental. Cuando falta eso, un equipo enseguida entra en un caos". sostuvo "Gambetita" y agregó: "Los jugadores comienzan a llegar tarde a las jugadas, el equipo se desordena y deja de ser eficiente en áreas que son las que le dan sentido a su puesta. Fue la sensación que tuve de Instituto al final del torneo: un equipo que atacaba mucho y producía poco. Y que de pronto, y sin motivo aparente, quedaba desorientado. Además, tuvo una gran presión externa y una histeria desmedida que no ayudó".
