La selección: un equipo curioso
La excitación puede sentirse a cada paso, porque Pretoria se ha convertido en una ciudad de argentinos que caminan esperando por el gran día. El análisis de Federico Giammaría, enviado especial.
Hay algo en esta selección que despierta curiosidad. Sí, está Diego Maradona y también Lionel Messi. Pero hay además un aire que recorre Hatfield y que está inundándolo todo. El martes, los hinchas desesperaron por ver los apenas 15 minutos que dejó observar el DT de la Argentina.
Y muchos no pudieron ingresar en el campo de entrenamiento del HPC después de haber corrido algunos kilómetros hasta la entrada.
Igualmente, se quedaron en la puerta.
"No he visto esto en otro lado. Y eso que cubro fútbol en toda Europa", se resignaba Luis Miguel , periodista español de la Agencia EFE. Tanta histeria, tanto empujón, gritos, bandera, emoción, lo habían desbordado.
Hay barrabravas, es cierto, pero también están los hinchas que han logrado reunir el presupuesto justo para vivir el Mundial. Ellos se pasan el día frente a la concentración esperando un milagro de ver a lo lejos algún jugador. Y, aunque los muchachos de Diego siempre den la espalda, ellos siguen igual, luchando por acompañar.
"Les puedo garantizar que si no respetan las órdenes, los vamos a arrestar", les gritó ayer el jefe de la seguridad privada del HPC, el colorado Keit Pyper, un gigante afrikaans que bien podría ser parte de un circo de rarezas.
A los hinchas no les importó. Siguieron empujando hasta que se cansaron de chocar contra la pared de policías que los detenía.
No pasa sólo con los fanáticos. También la prensa siente esa corriente de optimismo. Cada caso es cada cual, pero nadie disimula su entusiasmo. Vaya por Twitter (un fenómeno entre la prensa, sin dudas), vaya por conexiones telefónicas desde Pretoria, vaya por la televisión.
Como si la ruptura entre Maradona y una parte del periodismo se hubiera reparado, al menos por unos días, en una tregua que se alimenta de buenas señales desde el búnker nacional.
Bastó con una mano levantada de Maradona hacia la tribuna, ocupada ayer por todos los periodistas posibles que cubren a la selección (y por varios extranjeros), para que una brisa suave recorriera el lugar. Hay conexión, hay buenas sensaciones y están los jugadores en un estado que va evolucionando hacia lo que se denomina "grupo".
Será difícil, se sabe, y las esperanzas de campeón se han tenido en cada previa de cada Mundial. Pero ver a los hinchas correr detrás de un entrenamiento conmueve. Con la bandera que sea, con las máquinas fotográficas listas, cada uno trata de llegar hasta el equipo. Como puede.
El domingo, unas 3.000 personas llenaron la pequeña tribuna del HPC sólo para presenciar un entrenamiento. Adentro o afuera, siempre hay alguien aguardando por su selección, caminado sin saber cómo matar el tiempo hasta que llegue el sábado a las 11.
La mística no se construye sólo con los dioses y el destino; también debe haber una dosis de popularidad que absorba el carisma de aquellos que lo tienen. Esa mezcla suele explotar en un momento extraordinario. Como pasó en México 1986, o en Italia 1990.
Sudáfrica 2010 tiene algo de aquello. Lo dicen los que han conocido aquellos días en los que se olía a épica, con personajes como Maradona, un “tocado”, siempre presente.
Hay en esta selección algo que despierta curiosidad. Será que hay tantas ganas que todo lo malo ha desaparecido y la vieja trampa de la ilusión ha invadido los corazones.
Eso pudo verse el martes, y en los días pasados. Gente que llega con sus camisetas, sus banderas, familias, amigos que han soñado años con este viaje y que ahora quieren disfrutar de todo.
La excitación puede sentirse a cada paso, porque Pretoria se ha convertido en una ciudad de argentinos que caminan esperando por el gran día.
Y que grite el grandote Pyper, que nadie le teme. Podrá amenazar con arrestar a los que sin credencial quieran ver a los muchachos de Diego, pero terminará cediendo a los encantos de este equipo. Ya verá.

