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La selección que no veremos

Los campeones de 1978 y 1986 se hicieron leyendas por su juego y el sacrificio de sus preparaciones. Pero eso no significaba, que se persiguiera a los siguientes equipos porque no entraron en aquellos trajes ganadores.  

26 de junio de 2018 a las 10:35 a. m.
La selección que no veremos

Para poder entender a esta selección y soñar con la gloria de ganar un nuevo mundial, lo primero que hay que hacer es dejar de compararlas con aquellas que sí nos dieron los títulos de Argentina 1978, México 1986 y hasta quizás el subcampeonato de Italia 1990.

En injusto para esta generación de los Messi y aquellos con los que más jugó y los que vendrán. Para quienes jugaron las finales del Mundial pasado y las últimas dos Copas Américas, los que empezaron a jugar este certamen y para los que vendrán.

Somos todos argentinos, pero pertenecemos a generaciones distintas. Aquellas selecciones del fútbol de Menotti y de Mario Kempes, Fillol, Passarella, Luque, Galván, Valencia, Bertoni y Gallego como las de Bilardo, Maradona, Valdano, Caniggia, Ruggeri, Goycochea, Brown, Enrique, Giusti, Cucciuffo y Olarticoechea, por caso, formaron parte de nuestras vidas. Sobre todo para quienes tienen más de 40 años. Varios de los cuales fueron los encargados de transmitirlo con gran fidelidad.

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¿Quién no recuerda dónde y con quién estaba cuando se dieron esas gestas?

No se amaron esos títulos solamente por el juego sino también por el sacrificio de esas historias colectivas que crecieron en etapas preparatorias sin tiempo ni recursos para ir más allá de una primera fase. En el caso de la ida al territorio azteca, ni siquiera con la respaldo popular. Y puertas adentro, eran selecciones con muchos jugadores que vivían en el país y, varios de ellos, sin tener sus situaciones personales resueltas. Además de que palpaban el humor de la gente.

Esa situación límite de ver que se te quema el rancho y que hay que apagarlo como sea, también fue lograda.

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En la final del 86 y con el 2-2 fesquito de Alemania, la dupla Burruchaga-Maradona logró el 3-2 salvador en una combinación genial en el momento más algido, así como “el Tata” Brown jugó casi todo el match con el brazo en cabestrillo; o los goles de Kempes y Bertoni para vencer a Holanda en el suplementario del cotejo cierre de Argentina 1978; los dos goles de Maradona ante Inglaterra y el nucazo salvador del Vasco en la línea que aseguró el 2-1 y así; el tobillo bola de Maradona en el subcampeonto Italia 90 y el dolor de la pérdida de un hermano para Luque en pleno certamen ecuménico.

Llegaron al título. Es más hasta hubo diferencias en el plantel del 86 y hasta intentos de conspiraciones para sacar al DT.

¿Por qué “el Kaiser” no fue de la partida en México y o Ramón Díaz no fue a un Mundial? ¿Solo por voluntad de Maradona? ¿Y las conspiraciones del gobierno radical para deponer a Bilardo? En todos los casos, la dirigencia también piloteó las situaciones. Por lo menos en aquellos procesos.

Siempre hubo diferencias, como ahora. Sin embargo, en este caso, el protagonista eligió convertirse en fuente para poder cambiar una situación táctica y de nombres para después echarle la culpa a la prensa.

Hay que aceptarlo. Esas selecciones no volverán. Los moldes se rompieron y el de sus maestros, también. Ni siquiera esos mismos jugadores, pudieron convertirse en docentes. No pudieron o no quisieron.

Sin embargo, uno cosa no implica la otra. Las selecciones que sobrevinieron no habrán tenidos esas virtudes, pero tuvieron otras que debieron ser aprovechadas.

¿No fue bueno el proceso de Pekerman que junto con muchos de sus dirigidos arrancaron en las juveniles y llegaron al Mundial de Alemania 2006? ¿No era de vanguardia el trabajo de Bielsa y los suyos más allá de los resultados? Y más acá… Messi como Maradona era la llave para potenciar a nuestra selección y a la calidad del jugador argentino. Era la chance de crecer. Pero perdimos, y perdemos, tiempo en la comparación con Maradona.

Se le pretendió adaptar el modelo del crack y algunos más. O menos. Un reduccionismo increíble que lo obligaba a ser la suma de su talento, el del propio Maradona y el de Kempes. ¿Por qué? ¿Qué equipo le dieron? ¿El que quiso con los que más jugaron con él? ¿El que le amaron algunos entrenadores que estaban dispuestos a inventar puestos y funciones? Lo único que permitió fue alimentar la discusión de que fue un gol la diferencia entre los títulos obtenidos por las selecciones históricas y la de Messi en 2014.

Hemos perdido la capacidad de aprender. De la victoria y la derrota. Del acierto y del error. De los planes y sus nombres. Vivimos en la comparación, pensando en que podemos volver al pasado, en lugar de valorar lo que surge y darle un orden. Pero en serio.

Hay que salir de ahí.  De una vez.

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