La selección en Bolivia: La altura, Viberti y un gran recuerdo
Corría 1997 y la selección de Daniel Passarella se aprontaba para visitar a Bolivia en La Paz, en la que sería la previa más virulenta de los choques eliminatorios ante los del altiplano. Claro, es que “el Kaiser” se metió con temas “políticamente incorrectos”, como aquello de que “jugar aquí es inhumano”, “la Fifa no debe permitir estos partidos” y el célebre y mentado “la pelota no dobla”.
En Córdoba, el siempre recordado Sebastián Viberti, por aquellos días columnista del programa Línea de 4, encaró el tema con la pasión que sólo él podía ponerle. “Son todas excusas, lo de la altura es un mito y Passarella se equivoca. Quiere sacar ventaja diciendo eso y en realidad lo que hace es producirle más miedo a los jugadores”, sostenía elevando el tono de su voz como lo hacía cada vez que sentía que le estaban intentando vender otra cosa.
“El Patón”, que había recorrido el mundo por sus pasos en Huracán, Málaga y la selección argentina, graficaba que en su época ni se hablaba del tema y que una vez había jugado en Cuzco y nadie le dijo que estaba a casi 4.000 metros de altitud. “Al tiempo me enteré que había jugado en lo alto, porque en la cancha no sentí nada”, recordaba.
Varias de estas frases me vinieron a la cabeza en la madrugada de ayer, cuando arribé al aeropuerto de El Alto, en La Paz. También la que pronunció el inolvidable colega Horacio García Blanco, quien llegó a esta ciudad a cubrir un partido y sufrió una descompostura descomunal. “En La Paz estuve dos veces, la primera y la última”, supo decir con esa ocurrencia tan característica de él.
Después de escuchar decenas de recomendaciones, de conocer tantos testimonios, por suerte puedo identificarme con las palabras del gran Viberti, quien en vida me honró con su amistad. No me toca correr detrás de una pelota ni transpirar la camiseta, pero sí sostener el paso firme y hacerle frente a las constantes subidas y bajadas que uno debe transitar para buscar la acreditación, encontrar la nota curiosa y cargar la mochila con los elementos de trabajo.
Estas líneas no tienen contenido científico, ni pretende tenerlo. Tómelo simplemente como la narración de alguien a quien la vivencia le trajo el amigo a la memoria.