La mulatona de Camerún
MundoD estuvo con Andrey Gisele Kendeck. La fanática de Camerún nos cuenta su particular historia de vida siguiendo a su selección.
Andrey Gisele Kendeck tiene 24 años. Nació en Douala, Camerún. Y si la ven personalmente acordarán con Caloi: las mulatonas existen. Ayer, por primera vez en su vida, pudo ver a su selección en vivo. La vio perder frente a Dinamarca, es cierto, pero la felicidad que le produjo tener a Samuel Eto'o a 20 metros de su butaca, gritando un gol, no se la olvidará jamás.Nació en una barriada de la populosa Douala, la ciudad más grande de Camerún. "En el mismo edificio donde nací yo vivía la madre de Eto'o. De allí venimos los dos", cuenta. Habrá que creerle porque habla con respeto y alegría, nada menos que del ídolo nacional.Morruda, compacta, anoche lucía la camiseta verde de "los Leones Indomables" de África. Tenía su vuvuzela y esperaba impaciente y con su cámara digital la hora para sentarse en la butaca G del Block L, en el estadio Loftus.
“Amo el fútbol porque en nuestro país es el único momento en el que todos se ponen de acuerdo. En Doaula, por ejemplo, la gente sale de trabajar y va a jugar al fútbol. En las calles, en los baldíos, no paran. Es hermoso verlo”, describe mientras camina por Burnett Road, la arteria principal que la llevará a la cancha.
Pasan negros con banderas de Camerún. Andrey grita, saluda y prende un cigarrillo. Por el trabajo de su padre, contador público del Banco de África, ha vivido en diferentes partes del mundo. Nairobi (en Kenia), París (Francia) y ahora en Pretoria. Hoy ya se independizó y planea su vida en Sudáfrica.
Anoche, al entrar al estadio, sumó una nacionalidad más. En el medio de una de las barras más numerosas de Camerún había argentinos. "¿Qué hacen ahí?", les preguntamos. "Somos amigos", dijo uno de los albicelestes inmiscuido entre tanto rojo, amarillo y verde. Aquella victoria ante el equipo de Maradona, en Italia 1990, es recordada por todos; por los vencedores y por los vencidos. Pero ha generado una corriente de amistad que ahora se traduce en apoyo y aliento.
“Claro que recuerdo aquel partido. Por Maradona y por Roger Milla, una leyenda en mi país”, responde Andrey.
Los trazos del gran Caloi podrían haberse inspirado en ella. En ella o en los cientos de mujeres camerunesas que anoche gritaron por sus “Leones”. Rellenas, caderudas, siempre con peinados de producción cinematográfica, y con labios de Angelina Jolie (pero reproducidos por cientos), las mujeres africanas contrastaban con las danesas, tan pálidas y transparentes que parecían enfermas. Blancos y negros abrazados en un partido de fútbol. El Mundial es maravilloso.
Adoradoras de Samuel Eto'o, las mujeres tuvieron su noche de ensueño. Ovacionaron y festejaron el único gol africano de la noche. "Sami" corrió hacia una de las esquinas y pareció dedicárselo a ellas. Pero se lo dedicó a todos, a sus compatriotas y al continente entero. "Me siento más africano que camerunés", había declarado antes del partido. "Es que es verdad. Nos sentimos parte de un gran país: África. Si juega Ghana, Sudáfrica o Camerún, siempre alentaremos", concuerda Andrey.
Su país tiene una esperanza de vida de 52 años, su riqueza proviene de las reservas petroleras y de la exportación de café y cacao, y es una democracia relativamente estable. "Pero no te imagines que es como Sudáfrica. No está tan desarrollado. Tenemos muchos problemas, mucha pobreza", advierte.
Por eso, porque esperaba una alegría de esas que el fútbol suele dar cuando la realidad ajusta demasiado, anoche estaba muy triste. “Estoy profundamente decepcionada y herida. Realmente creía que íbamos ganar, que nos merecíamos una oportunidad. Estoy enojada porque pienso que no hicieron lo suficiente”, aseguró.
Camerún había quedado fuera de la primera Copa del Mundo en su continente. África no logra que una de sus selecciones enderece el rumbo y la gente está preocupada. “La mulatona” tenía razón.

