La intimidad del campeón Talleres y las dedicatorias a Belgrano
El vestuario en All Boys fue una caldera. La emoción de Klusener, la música de Jeréz Silva y la “locura” de Fassi.
Gonzalo Klusener corría hacia el área. Apurado. Iba en busca de un lateral-centro que Ivo Chaves se disponía a realizar cuando se jugaban 48 minutos del segundo tiempo. El partido contra All Boys estaba 1 a 1. Andrés Fassi estaba en una de las cabeceras del estadio, parado, junto a su hijo. Mauricio Caranta, en el banco, también de pie, miraba expectante. Entonces, Pablo Guiñazú tomó el mal despeje de un rival, levantó la cabeza y la clavó en el ángulo. Fue el ascenso de Talleres. Y desató la locura.
Lo que siguió fue un vestuario desbordante de alegría. Abrazos, canciones y saltos. Selfies, llamados a familiares y lágrimas.
Sentado en un rincón, luego de gritar el más que merecido “dale campeón” junto a sus compañeros, aún calzado con sus Puma verdes, con la camiseta azul, y con las medias altas Klusener revelaba que ya había imaginado esto.
“Vine porque estaba convencido que lo podíamos lograr. Miraba siempre los partidos (del año pasado) y con mi novia decíamos que sería lindo volver. Dentro mío estaba decidido a volver. Les agradezco a todos, a los que son dirigentes y a los que no”, contó.
Luego, y mientras sus compañeros le cantaban, a coro “el Klusegol, el Klusegol, llegó Gonzalo el goleador, el goleador…”, el delantero explicó que una de las camisetas que utilizó ayer quedó en manos de Wilfredo Olivera, quien le anticipó que haría un gol. “¿La otra? Queda para mí”.
“Cuando pasen los días, uno va a entrar en conciencia. Va a entender de todo lo que se puede hacer con la ayuda de los compañeros. Esto es un gran orgullo”, decía a su turno Ezequiel Barrionuevo. El volante ponderó la sinergia del grupo y, en lo personal, destacó que “el haber estado en las malas y estar ahora también en las buenas” lo hacen sentirse pleno.
Entre tanto alboroto, Fassi saltaba como un hincha más. Incluso pidió bañarse antes de tomar el avión de regreso hacia Córdoba. El presidente destacó el espíritu combativo del equipo para dar vuelta el resultado y afirmó que se vienen "cuatro o cinco años de un trabajo intenso" para que el Talleres del futuro pueda "nutrirse de sus propios valores".
Dedicado a Belgrano
Pasaron los cánticos dedicados a Belgrano, la autorreferencia al equipo “más grande del Interior” y los saludos al cuerpo técnico de Frank Darío Kudelka.
En esos momentos, Luis Jerez Silva estaba como escondido detrás de una de las columnas. Eso parecía. De espaldas, con la cabeza hacia abajo, llamaba la atención. En realidad, estaba preparando “la” escena de la noche. ¿Qué hizo? El mediocampista terminó de conectar su teléfono a un parlante portátil, le puso “play” y subió el volumen al máximo. Levantó el aparato con su mano derecha. Fue un imán.
Una fila de jugadores arriba, otra abajo, casi una media ronda. Guido Herrera tiró unos pasos en el centro, “el Negro” bailó con el aparato en alzas y Victorio Ramis comenzó a abrazarse con un auxiliar. Fueron segundos antes del último flash.
La foto final del festejo puertas adentro, el símbolo del paso a la fiesta que posteriormente se viviría en el Kempes, en el Obelisco y en cada rincón donde hubo un hincha vestido de azul y Blanco. Fue la evolución de Talleres. Un equipo de Primera.