Temas del día:

La hora señalada para el retiro: blancos y negros

Cuando un ciclo se acaba y el destino marca el camino de salida, no todos los ídolos encuentran la puerta grande.

17 de julio de 2017 a las 11:41 a. m.
La hora señalada para el retiro: blancos y negros

Tal como ocurre en la vida misma, los grandes romances entre futbolistas y clubes no siempre conducen a un epílogo feliz. De hecho, los homenajes a los jugadores, en partidos de despedida, son fenómenos que se popularizaron en las últimas dos décadas y con contadísimos casos.Quienes sostienen que todo tiempo pasado fue mejor, difícil puedan hacer valer su teoría en este aspecto. Es que los grandes protagonistas de antaño se marchaban en el más absoluto silencio. Sin la mediatización de los tiempos actuales, los futbolistas no contaban con micrófonos para comunicar la novedad y los más afortunados podían, a lo sumo, disfrutar de un banquete íntimo de despedida. Ya convertidos en exjugadores, las chances de seguir ligados al club eran acotadísimas a un puesto de DT de exigua retribución, formador de inferiores mal pagos o simples ordenanzas.

“Cuando se acabó la etapa de jugador, no me dejaron ni siquiera ingresar a la cancha sin pagar entrada”, se quejó varias veces Juan Carlos Heredia, un ícono del Belgrano setentista que recién ahora disfruta de algún reconocimiento gubernamental. Luis Galván, campeón del mundo y el jugador con más partidos en la historia de Talleres (534), se despidió sin saberlo. El 8 de mayo de 1988, en la derrota 1-3 ante Vélez, en Liniers, le cayó el telón para una campaña coronada de éxitos. Su nombre simplemente desapareció del plantel albiazul, en un final abrupto y por demás inmerecido. Después, el notable defensor santiagueño tuvo idas y vueltas con las distintas dirigencias del club.

Carlos Guerini, uno de los futbolistas de trayectoria más notable del fútbol cordobés (Juniors, Talleres, Racing, Belgrano, Boca, selección argentina, Málaga y Real Madrid), decidió el retiro en el preliminar de un partido que debía jugar él cuando ya estaba de regreso con los albos. “Mejor me voy a casa, no juego más”, le dijo en 1985 “el Chupete” a un periodista, en un cierre poco acorde a los quilates de su campaña.

Pero no todas fueron pálidas. En 1975, Osvaldo Ardiles se marchó de Instituto a Huracán en una transferencia que, además de incluir un partido entre ambos clubes como cláusula del pase, fortificó las relaciones entre “el Pitón” y la Gloria. El mundialista nunca se olvidó de los de Alta Córdoba, ni estos de aquél. En 1980, ya como figura estelar del Tottenham Hotspur, volvió al Monumental para enfrentar al club con un equipo de “Amigos de Ardiles”. El feeling dura hasta nuestros días y en cada retorno del campeón del mundo al país, una de las paradas obligadas es la sede albirroja.

Sergio Elvio García, arquero de Belgrano entre 1952 y 1966, fue el primer futbolista cordobés en recibir un partido de despedida. El 8 de diciembre de 1966, “la Porposa” fue homenajeado en un amistoso ante el Racing de Juan José Pizzuti, flamante ganador del torneo de la AFA, que ese día ganó 2-1.

Daniel Willington, quien a menudo entró en conflicto con los directivos y entrenadores albiazules, pudo disfrutar de su juego despedida, aunque de manera compartida con Antonio Syeyyguil, que cerraba ese año su campaña en Belgrano. Fue el 28 de noviembre de 1979, en un clásico jugado en la Boutique que terminó en paz: 1 a 1. “El Daniel” venía de actuar en Minnesota, donde cerró su trayectoria como futbolista.

Homenajes tardíos

El sentido de la solidaridad forzó a veces un reconocimiento tardío. El 1º de mayo de 1996, los veteranos jugadores de Talleres y Belgrano se unieron para organizar un clásico “retro” en barrio Jardín a beneficio de Luis Antonio Ludueña, quien atravesaba por esos días un delicado momento económico. El juego, a su manera, sirvió para agasajar a viejas glorias, como Miguel “Wanora” Romero, quien ese día se puso los cortos por última vez.

Instalada la costumbre de agasajar a un futbolista con un partido cuya recaudación generalmente es en beneficio del protagonista, fueron varios los que se sintieron en el derecho de un reconocimiento con efecto retroactivo. La punta la hizo Daniel Valencia, quien el 12 de noviembre de 2000, a 12 años de haber dejado Talleres, organizó su homenaje al que sumó la atracción de Diego Maradona, que ese día en el Estadio Córdoba se vistió de albiazul por unos minutos.

Precisamente Maradona siguió el ejemplo y el 10 de noviembre de 2001 inmortalizó su frase de “la pelota no se mancha”, en el epílogo de un partido plagado de estrellas. A esa altura, Diego llevaba cuatro años de inactividad tras haber anunciado su retiro, envuelto en medio de la sospecha de un doping nunca aclarado.

En Córdoba fueron varios los que tomaron la posta. Luis Artime, otro que tuvo algunos desencuentros con la dirigencia, pudo contar con la suya el 5 de agosto de 2007, dos años después de abandonar la actividad. El encuentro sirvió, además, para ver por última vez con la celeste a otros tres ídolos que no gozaron de ese privilegio: Luis Ernesto Sosa, José Luis Villarreal y Roberto Monserrat.

Sólo unos meses más tarde, el 15 de diciembre del mismo año, Luis Amuchástegui realizó la suya en Racing, en una jornada en la que el principal atractivo estaba en la presencia de su ex compañero en River, Enzo Francescoli. Hacía ya 10 años que “la Araña” había decidido su adiós a las canchas.

El 18 de febrero de 2012, Juan Gustavo Spallina tuvo su fiesta en Belgrano 16 años después de haber dejado el club. Otro que se tomó una larga pausa fue Alejandro Kenig, quien el 8 de junio del año pasado organizó su despedida a 23 años de su partida de Talleres.

En 2010, Diego Garay abandonó el fútbol después de una campaña con exitosos pasos por Talleres, Francia y México. “Me gustaría un partido de despedida con Talleres”, dijo en 2011, en ocasión de un partido benéfico en Oncativo. Hoy es empleado de una pinturería.

El fútbol y el deporte conviven desde siempre con el reconocimiento y la ingratitud. Es una regla de vida. Y cuando un ciclo se acaba y el destino marca el camino de salida, no todos los ídolos encuentran la puerta grande.