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La hagamos bien simple: no me den pelota

Así vive el Mundial alguien a quien el fútbol le importa nada. Otra mirada sobre Rusia 2018.

17 de junio de 2018 a las 08:40 a. m.
José Playo
La hagamos bien simple: no me den pelota

La última vez que quise jugar un partido completo de fútbol me desgarré haciendo jueguitos en el precalentamiento.

El sablazo de bisturí me subió por la gamba derecha desde el tobillo hasta la cintura y ahí decidí que ya no tenía edad para andar rompiéndome en canchas de cinco contra cinco.

Pero lejos de convertirme en espectador, me alejé por completo del deporte.

Hasta esta semana, que acepté la invitación de algunos colegas a ver el partido mientras picábamos algo:

–¡Juega Argentina, gordo bobo, hay que festejar! –fue el argumento irrefutable.

Pero ahora que terminó el encuentro, el clima reinante es de velorio.

No hay épica futbolera ni gesta ni nada.

Un pelado muerde la punta de una empanada árabe y dice que somos todos unos muertos. Le salen chispas por debajo del gorrito de tres puntas con pompón.

En Twitter una vez leí que “La cancha es ese lugar mágico en el que un empleado municipal de 50 años le puede gritar ‘fracasado’ a un millonario de 25”, y es una gran verdad.

–Empatamos contra una selección de médicos, cineastas y plomeros –explica uno que va por el quinto farol de tinto sodeado–, pero podría ser peor.

–¿Podríamos haber perdido, decís vos?

–No, podríamos ser uno de esos boludos en la tribuna, endeudados con las cuotas de la tarjeta en un dólar arañando los 30.

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