Juan Román Riquelme: el último de los impredecibles
El enlace del Xeneize volvió a sorprender a todos con sus decisiones. El superclásico de Córdoba fue clave en la vuelta al club de sus amores.
Si Córdoba estuvo siempre cerca de las revoluciones, el superclásico del fin de semana pasado no representó la excepción a la regla. El gol de David Trezeguet definió el festejo de River y la bronca de Boca, y también resultó el disparador del capítulo final –algo así como el bonus track– de la novela del verano.
La derrota ante el equipo de Ramón Díaz –más animoso que el que dirigía Matías Almeyda, aunque este lo vea parecido y tilde de "chupamedias" a sus exdirigidos que admiten el cambio– movilizó a Juan Román Riquelme, el último de los impredecibles.
"Quedó muy afectado y lo llamó a (Carlos) Bianchi para preguntarle si pensaba que podía serle útil", reveló días atrás Daniel Bolotnicoff, representante del jugador.
El presidente boquense Daniel Angelici (antirriquelmista desde siempre, más allá de las poses de ocasión) se desayunó de la novedad en Qatar, donde hacía lobby con los capitales emergentes del fútbol mundial.
A él le tiraron la pelota, porque la indomable gambeta del futbolista pasó el filtro del “Virrey”, a pesar de que el técnico ya había derogado el “código de convivencia” impuesto por el “10” en el vestuario xeneize y ya le había asignado la capitanía al arquero Agustín Orion.
El "OK" de Bianchi y el "sí" de Angelici conllevan riesgos, porque, se sabe, el último ídolo divide aguas en el camarín azul y oro: "Riquelme nos potencia a todos", manifestó el cordobés Pablo Ledesma; "De nada sirve un capitán si el grupo va para otro lado", opinó Leandro Somoza.
A decir verdad, la dupla presidente-entrenador tampoco tenía mucho margen después de la poco convincente puesta en escena veraniega y del golpe que dio Vélez con la contratación de Fernando Gago.
Más allá del gesto de Bianchi de equiparar con el calificativo de “interesantes” al elegante volante del seleccionado argentino y al rústico Ribair Rodríguez, y de la humorada de mencionar a las ex actrices Marilyn Monroe y Katharine Hepburn, en un paralelismo del que podrá dar mejor cuenta el colega Daniel Salzano.
El superclásico del Kempes cambió las cosas en la Ribera, pero también tuvo su efecto en Nuñez. Trezeguet no sólo habilitó a Riquelme. También le tapó la boca a Ramón Díaz.