José Luis García: Pedí patear el quinto penal
Detonador de alegría. Además de Hoyos, Instituto tuvo la zurda del “Pipi” para vencer a Belgrano. “Cuando se movió Olave, pateé al otro lado”, dijo.
"Hacía mucho que no teníamos un día para despejarnos", cuenta José Luis García el día después del triunfo de Instituto sobre Belgrano, en la noche del miércoles, que tuvo como héroes a todos los jugadores albirrojos, aunque con preponderancia en el arquero Lucas Hoyos y el propio "Pipi", el "10" que metió el penal decisivo.
"Necesitábamos el triunfo, más que nada por el rival, por cómo lo tomó la gente y lo que significa ganar un clásico. Sabemos que nos va a venir bien para poder levantar la autoestima en el torneo, donde no pudimos arrancar como quisimos. Pero sabemos que es largo y estamos a tiempo", afirma el autor del gol que selló el 4-2 que dio el pase a 16avos de final de la Copa Argentina.
–Teniendo en cuenta que en la previa Belgrano era el favorito, ¿cómo asumieron ustedes la situación?–Era obvio que ellos eran candidatos porque están en una división superior; un equipo armado, con un cuerpo técnico que viene trabajando hace cuatro años; y jugadores con mucho tiempo en el club, con los movimientos bastante aceitados. Sabíamos que iba a ser complicado, pero sabemos de las armas y el equipo con los que contamos, y al planteo que hizo Carlos (Mazzola) fue muy bueno. Estoy muy contento con lo que se hizo.
–¿Cómo viviste los penales?–Antes de empezar viene Carlos y me pregunta si quiero patear primero. Y se me cruzó una imagen de hace dos o tres años, que me tocó una definición por penales con Almirante Brown: fui el primero y lo erré. Y le pedí patear el quinto. Entonces le tocó a Gastón (Machín) y tuvo la mala suerte de que se lo atajó. Pero, la verdad, la noche que tuvo "Luquitas" (Hoyos) pudo recuperar ese penal… Y en lo personal traté de ir despacio, mirar al arquero y, cuando se movió Olave, pateé al otro lado: fue gol y pudimos festejar.De Casanova a Alta Córdoba
"Nunca se me cruzó por la cabeza hacer otra cosa que jugar a la pelota", afirma García.
“Juego al fútbol desde chiquito y mis padres me acompañaron siempre. Desde entonces me gusta y nunca se me cruzó por la cabeza hacer otra cosa que jugar a la pelota”, cuenta García, de 29 años, nacido en Isidro Casanova.
Hijo de una ama de casa y un chofer, el muchacho contó cómo fue crecer en el Partido de La Matanza: “La verdad es que no fue fácil. Es un barrio lindo y gracias a Dios nunca nos pasó nada. Siempre tuve el acompañamiento de mis padres. Vengo de una familia humilde, trabajadora, en la que todo nos costaba el doble, pero gracias a Dios nunca me ha faltado nada”.
En el baby jugó en Defensores de Tablada y a los 8 años se sumó a las divisiones inferiores de San Lorenzo. En el Ciclón llegó a primera y hasta fue comparado con Leandro Romagnoli. "Siempre lo admiraba y lo tuve como compañero. Tuve buena relación. Pero la comparación fue más por la posición en la que jugaba y porque también me decían 'Pipi'", cuenta. Quien le puso el apodo al enganche albirrojo, cuando era chico, fue su abuela Angélica. Justo el nombre de la abuela era el que ayer tenía previsto tatuarse "junto con otras cositas". Es que el cuerpo del jugador es una mezcla de tinta y piel, por la cantidad de "tatoos".
La vida del futbolista profesional requiere estar dispuesto a ir donde la carrera lo requiera, a veces, incluso, cuando no sea del agrado personal. “Me fui a Olimpo, a Bahía Blanca. Me quedó un lindo recuerdo. Era todo nuevo, la primera vez que yo salía de la Capital. Siempre rescato lo bueno; y, de lo malo, trato de aprender”, recordó.
Después le tocó un periplo por el extranjero que incluyó seis clubes y cinco países, en tres años.
"No me gusta irme afuera, pero en ese momento lo tenía que hacer y la verdad que me costaba bastante. Pero tenía que ir y progresar. Fueron experiencias buenas", señaló.
–¿Fuiste por tu representante o por la oferta económica?–Es un poco de todo. También es el momento en el que hay que elegir, y se opta por ir.
Los clubes extranjeros que tuvieron a García fueron: Morelia de México, Universidad de Chile, Sportivo Luqueño de Paraguay, Municipal Liberia de Costa Rica y, en Rumania, Timisoara y Gloria Buzau.
El autor del penal decisivo de la Gloria recordó que su paso por la "tierra de los vampiros" comenzó mal, ya que le costaba el idioma. Pero mejoró. "Tuve la suerte de conocer a un cordobés, José Luis Balbo, que es abogado de una empresa de allá. Se había enterado de que había un jugador argentino y una vez me esperó cuando salía del entrenamiento. Hice gran amistad y hasta el día de hoy seguimos hablando. Me ayudó mucho porque hablaba rumano e inglés. La pasé muy bien".
En Luqueño estuvo muy poco, por la desorganización de la Liga paraguaya. “No pagaban; llegaba cualquier jugador con el torneo empezado y jugaba. En ese entonces no le firmaban contrato a todos”, dijo.
Casado con Serena y padre de Lara (4 años) y Román (9 meses), contó otra anécdota: "En Costa Rica había un francés que había agarrado el equipo y empezó a llevar jugadores de selecciones. Su intención era hacerlo crecer, hacerle su cancha y sacarlo campeón. Me sirvió en lo económico y allá fuimos".
En 2009 llegó al Almirante Brown de Blas Giunta, en el que defendían nueve y atacaban el propio "Pipi" y un "9". "Hoy ves jugar a Morón y es igual... Es un genio Blas. Tengo buena relación", sonríe.
“Después de tres años ahí me fui a Central, tuve un año en Patronato y me vine a Instituto”, prosiguió el zurdo talentoso, quien se detuvo en el Canalla: “Rosario Central es un club muy lindo, pero es muy pesado. Para explicarlo y sentirlo, hay que vivirlo y ponerse la camiseta. Lo hablábamos con Sergio Rodríguez. Es hermoso, pero pesado. Cuando fui, no arrancamos bien. Nos costó las primeras 10 fechas y después el equipo se acomodó y estuvo como 13 fechas sin perder y ese año ascendimos”.

