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Jeremías Rea: un zoom a la ilusión

El lateral de octava de Instituto debutó como titular en AFA y fue un sueño familiar compartido: su papá, Leonardo, es fotógrafo del club y trabaja ad honorem.

15 de abril de 2014 a las 04:33 p. m.
Jeremías Rea: un zoom a la ilusión
Versátil. Rea, pese a ser diestro, también domina la zurda.

La pelota mira al arco y le hace un guiño cómplice. Con una sonrisa dibujada en un gajo a punto de salirse, la número cinco vuela por el césped de La Agustina en trance. La empala un botín y el flash de una cámara la obliga a ponerse coqueta: ese viaje desde el área chica hasta casi llegando a “las 18” del frente, muy posiblemente sea eternizado y aparezca publicado en distintos espacios.

Jeremías David Rea tiene 14 años, juega de "3" en octava división de Instituto y de su debut como titular en inferiores de AFA –el sábado, ante Independiente Rivadavia– podrá hacer un álbum infinito: Leonardo, su papá, es el fotógrafo de la Gloria.

Con la fotografía como terapia y el fútbol como mejor herramienta, la simbiosis padre-hijo-pelota fue perfecta.

"Empecé a sacar fotos en 2008. Me compré una camarita digital porque tenía una depresión muy grande. Se había muerto mi hermano, \'Coqui\', en un accidente de motos y encontré en la fotografía una forma de salir del mal momento. \'Jere\' jugaba en Talleres, entonces iba y le sacaba a él y a los compañeritos", cuenta el marplatense de 36 años, hoy vecino de barrio José Ignacio Díaz Cuarta Sección.

El corazón gritó primero y las fotos y los goles aterrizaron en el club de los amores de papá. Jeremías, como "Leo" es hincha de Boca, comenzó jugando en la escuela de fútbol del club de la Ribera que funciona en Camino San Carlos.

Pero hace poco más de un año, tras un fugaz paso por “la T”, padre e hijo llegaron a Alta Córdoba.

“Estuve un tiempito en Talleres, pero como habían traído muchos jugadores de afuera no podía jugar. Así que me vine a prueba a Instituto, quedé, jugué Liga Cordobesa y el sábado debuté como titular en AFA”, dice quien, en sus comienzos, ocupaba la mitad de la cancha con la “8” en la espalda.

Soñar y nada más. Capacitar al personal en un mes. Eso debía hacer Leonardo en un supermercado de Córdoba, en el año 1998, y no enamorarse, renunciar al trabajo, mudarse con Virginia, ser papá de Jeremías, pedir prestados 70 pesos y abrir un quiosco.

“Me mandaron desde Mar del Plata a barrio Jardín porque abrían un \'súper\'. Pero ahí conocí a mi mujer y en vez de estar 30 días, me quedé para siempre. Renuncié al trabajo y al año nació \'Jere\'. Mi suegro me consiguió un \'laburito\' y con 70 pesos que me prestó un compañero, en el \'99 abrimos el quiosco. Compramos chizitos, puflitos, algunos alfajores y caramelos. Como vivimos al frente de un colegio, les vendíamos a los chicos”, narra \'Leo\'.

“Soy aguerrido. Por ahí me agarra la loca y hago algo lírico (risas)”, se describe el lateral por izquierda que, aunque pinte bien, ahorra elogios al momento de hablar de sí mismo.

–¿En quién te acordás cuando te toca hacer un gol?

–En mi tío, que está en el cielo. O en mi abuela, que también falleció y era como una madre para mí.

Si el día de mañana te hacen un contrato profesional y recibís tu primera plata, ¿en qué la gastarías?

–Una parte se la daría a mi viejo, que tal vez le haga falta y es quien siempre me apoyó y el resto la usaría para las cosas que necesiten en casa.

“Jere” parece haber mamado el sacrificio, el sudor que implicó levantar el pequeño negocio familiar y esa cámara fotográfica con la que papá, ad honorem, les saca fotos a los jugadores de inferiores y de Primera del albirrojo.

La misma cámara que, durante el Instituto de Darío Franco, se rompió tras un pelotazo en una práctica y llevó a aquel plantel a organizar una "vaquita" para pagar parte de la reparación: "Fue un accidente. Estaban practicando definición y yo hablaba con la nutricionista detrás del arco. De pronto, vi que la pelota iba hacia la chica y mi primera reacción fue cubrirla con el brazo... con el brazo en el que tenía colgada la cámara. ¡Pobre (Pablo) Soda! Él pateó. Es un grande el chico ese y seguro se ha sentido mal".

Y, aunque para la refacción total no alcanzó, Leonardo volvió a sonreír: "Ahí nomás, los jugadores juntaron una plata que me sirvió para pagar parte del arreglo. Pero ya está, la semana pasada junté los 1.200 pesos que me faltaban y terminé de arreglarla. Ahora puedo seguir sacándole fotos a todos... incluido mi hijo, obvio, je".