Instituto y Belgrano deben apelar a la calma
Luego de una primera fecha para el olvido, nuestro columnista Enrique Vivanco aniliza el presente de Instituto y Belgrano. Por Enrique Vivanco.
S e esperaba más. Los debuts de Belgrano e Instituto no sólo no trajeron triunfos sino que generaron malas actuaciones. Y eso es lo que preocupa aunque no desespera. Hay mucho trayecto por recorrer y mucho más por mejorar. Pero los tiempos del fútbol dejan la huella en el pavimento. La gente parece no tener mucha paciencia, aunque deberá tenerla; no le queda otra.
El hincha de Instituto se retiró enojado de Alta Córdoba. El cambio de Lucas Godoy por Gustavo Fernández destapó la bronca contenida. El público venía rumiando su descontento por una actuación olvidable. La opinable variante impulsada por Claudio Vivas desató las críticas.
El técnico pareció preguntarse sobre el prematuro fastidio del simpatizante. Vale arriesgar motivos.
Pero antes se pueden descartar algunas causas. ¿Hay una cuestión política en el medio? No. ¿Hubo un juzgamiento previo de la capacidad del entrenador o de los jugadores? El fútbol es esencialmente pragmático. Tanto Vivas como los refuerzos o los jugadores del club deberán convencer desde la acción y la virtud, es cierto. Pero nadie lo criticó antes de tiempo.
Se deduce entonces que las recriminaciones y los insultos se produjeron por la sencilla razón de que Instituto jugó mal, por momentos muy mal, produjo un casi nulo juego asociado y evidenció escasísimas variantes ofensivas.
¿Traducido en números? Salvo cuando la distribuía René Lima, la Gloria fue un consolidado murallón de piernas desde las que partían rebotes a rivales y pases mal dados. El equipo no hizo cinco pases seguidos, y sólo una vez llegó con chances netas al arco de Boca Unidos. La jugada apuntada fue de pelota parada por un tiro libre de Mariano Torresi que finalmente llegó a las manos de Nereo Fernández, tras un buen cabezazo de Alejandro Gagliardi. Poco. Casi nada.
¿Atenuantes? Claro que sí. El estado del campo de juego es muy malo. Y el público, lejos de tomarlo como una excusa de los jugadores, debe entender que es un elemento esencial para observar un mejor espectáculo. ¿Que en esa cancha y en peores condiciones jugaron Kempes, Ardiles, Beltrán, Curioni, Mastrosimone? Y sí, el contragolpe llega al mentón. Pero una cosa no quita la otra. O en todo caso, y aplicando algo de ironía, podría preguntarse cuáles fueron las semillas sembradas en aquellos años como para que brotara tamaña calidad de futbolistas.
Y lo de Belgrano va a la par. Patronato de Paraná lo esperó con los ojos sorprendidos y el futuro incierto, como todo debutante. Y le hizo dos goles y le ganó bien. Jorge Guyón se anticipó a todos y no negó los hechos. Belgrano jugó mal, dijo.
Tanto trabajo previo para que de golpe tres jugadores con la titularidad al alcance de la mano quedaran en la banquina. Y las preguntas aparecen. ¿Qué curioso transporte de motor a sangre traslada desde Colombia el transfer de Mauricio Casierra? ¿Cuándo se define el pase de Franco Vázquez al Parma? ¿Y el de Juan Carlos Maldonado no era un caso que se debió resolver antes? El saldo es negativo, pero estamos hablando de la primera fecha, la que filtra todos los nervios, la que desnuda errores e imprevisiones y descubre gratas sorpresas.
De esto último apenas asoma la nariz de Lima. De lo otro se puede anotar un par de datos más. La paciencia del hincha cordobés será nuevamente puesta a prueba. Es de esperar que su ejercicio no descubra nuevos límites.
