Temas del día:

Instituto, verdad y consecuencia

Claudio Demaría apuntó a darle la identidad que no tuvo con Iván Delfino, pero las limitaciones del equipo volvieron a alejarlo de "la Gloria".

18 de mayo de 2017 a las 09:08 a. m.
Instituto, verdad y consecuencia
Cuando Paulo Rosales tiene la pelota, Instituto se ilusiona. Si no le llega, el equipo sufre.

No debe quedar ni un habitante en el Mundo Gloria que no se haya preguntado: “¿Cuál es el verdadero Instituto?”. Esa suerte de “hoy un juramento, mañana una traición” se vive en Alta Córdoba desde que el equipo cayó a la Primera B Nacional en 2006 y cada vez que intentó salir de “ahí”.

Y en este torneo parece no ser la excepción. La última prueba es la más fresquita. Instituto hizo suyo un partido muy difícil frente a Guillermo Brown de Puerto Madryn, la semana pasada en el estadio de Alta Córdoba y ante su gente. Pero el martes pasado ofreció una imagen muy distinta y cayó 2-0 contra All Boys en Floresta. Casi sin atenuantes y con la incómoda sensación de que no supo hacer suyo un partido contra un rival que tenía menos argumentos y mucho descrédito por parte de su gente, que insultó a los jugadores hasta que logró el 1-0 parcial.

“Se subió al tren” con un cuerpo técnico local encabezado por Claudio Demaría y “se bajó” el martes, demostrando la misma pobreza que provocó que Iván Delfino se quedara sin trabajo.

Identidad Para salir de la falta de identidad que determinó que Instituto pudiera ganar poco, empatar mucho y perder con cualquiera, Demaría intentó tener una salida limpia como primera medida para poder pensar en el desarrollo de la jugada y en su posterior definición. Porque lo mejor es su poderío ofensivo. No es casualidad que sea el más goleador del torneo.

La idea de hacer un equipo corto más que largo y así aprovechar el armado de Paulo Rosales, el encargado de hacer jugar a Instituto, era prioridad. Y en el acto defensivo, incrementar su poder de recuperación seguida de una rápida transición al ataque, o bien para hacer control de pelota si se requiere frenar el vértigo del rival. Errores colectivos e individuales; goles que se marran increíblemente y otros que se sufren más por equivocaciones propias que por aciertos rivales y de los que el equipo no se recupera; reacciones que no llegan, arrestos individuales que tampoco, etcétera, pasaron de un entrenador a otro. Esa verdad y su consecuencia determinan que Instituto vuelva a quedarse en el umbral del lugar donde se juega por algo.

Más de Deportes - Fútbol