La crónica de La Voz. Instituto tropezó en el Kempes y cayó ante Unión por el Torneo Apertura
Unión fue más inteligente y se llevó un triunfo clave por 2 a 1. Rafaelli, uno de los pibes del club, había empatado en el partido correspondiente a la octava fecha.
La presentación de Instituto en el Mario Alberto Kempes resultó una experiencia difícil y tortuosa para el conjunto albirrojo (ayer vestido de lila). Cayó 1-2 y su gente se fue preocupada del estadio en el que hizo de local.
Desde el pitazo inicial, Unión planteó un escenario incómodo, forzando a la Gloria a jugar un partido a contramano de sus intenciones y posibilidades habituales. El DT Diego Flores mantuvo su esquema característico, apostando por un juego directo con extremos bien abiertos y utilizando a Johan Córdoba y Alex Luna para ensanchar el campo. La idea era capitalizar el oportunismo de Matías Fonseca en el área, con el aporte creativo de Gastón Lodico y las proyecciones ofensivas de los laterales Diego Sosa y Giuliano Cerato.
Pero el plan de Flores chocó con una muralla táctica. El equipo santafesino leyó a la perfección las intenciones locales, neutralizó la gambeta de Luna y bloqueó la visión periférica de Lodico para anticipar a Fonseca de manera sistemática. Sin circuitos de asociación claros, Instituto quedó reducido a depender casi por completo de la velocidad individual de Jhon Córdoba por la banda derecha. El ex-Aldosivi se mostraba como el jugador más incisivo del ataque cordobés y generaba preocupación en la defensa de Unión en cada arranque durante la primera media hora. Sin embargo, Córdoba debió retirarse lesionado, lo que obligó al ingreso del juvenil Luca Rafaelli, quien en un inicio no logró conectarse con la misma fluidez que el colombiano.
Con el correr de los minutos, Unión detectó las falencias defensivas y la falta de respuestas de Instituto. Tras un aviso que Sosa salvó de manera providencial, el marcador se abrió a los 42 minutos. Un error en la salida de Fernando Alarcón, que perdió la pelota ante la presión de Palacios, permitió que Tarragona lanzara un centro preciso para que el propio Palacios anotara de palomita.
En el entretiempo, Flores intentó cambiar el rumbo y mandó a la cancha al experimentado Franco Jara en lugar de Bravo, lo que implicó una modificación táctica para sumar peso ofensivo. El impacto fue inmediato: a solo dos minutos del complemento, Alex Luna recuperó una pelota al borde del campo y Diego Sosa envió un centro que Luca Rafaelli dominó y definió para establecer el 1 a 1. Parecía que el pibe de La Agustina traía la solución que el equipo necesitaba.
La alegría en el Kempes duró poco. Ocho minutos después del empate Unión volvió a ponerse en ventaja. Mateo del Blanco capitalizó un pase filtrado de Palacios -que gozó de demasiada libertad para asistir- y definió ante la salida de Roffo para sentenciar el 2 a 1 definitivo.
Aunque Flores agotó las variantes con los ingresos de Abregú, Guerra y Lázaro, la generación de juego siguió siendo escasa. La chance más clara para rescatar un punto estuvo en los pies de Jara, cuyo remate dio en el palo, seguida de otra acción aislada de Rafaelli.
El pitazo final no solo confirmó la derrota, sino que también liberó la frustración de la hinchada albirroja. Desde la tribuna Daniel Willington, en el sector norte, bajó un cántico hostil que cuestionó la entrega de los jugadores y reflejó el malestar por un rendimiento que, pese a los intentos del entrenador, dejó a Instituto con las manos vacías en el Kempes, donde el equipo no se siente en casa.


