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Instituto-Patronato: una noche en la que nada salió bien

Empate y a otra cosa. La Gloria igualó sin goles frente a los de Paraná, que le poblaron el medio campo y le impidió desarrollar el juego agresivo que acostumbraba en condición de local. Para colmo, los barrabravas albirrojos se pelearon entre ellos.

11 de septiembre de 2011 a las 12:11 a. m.
Marcos Russo
Instituto-Patronato: una noche en la que nada salió bien

Instituto chocó anoche contra un rival que no le regaló nada y contra sus propias limitaciones para generar juego, en un partido muy cerrado. El empate sin goles con Patronato, que fue justo por lo mostrado por uno y otro equipo, ofició un freno a las buenas actuaciones que el Albirrojo había mostrado en condición de local.

Lo que pasó anoche no es para alarmarse, ya que Instituto no fue superado ni mucho menos, pero sí puede ser un llamado de atención para cuando deba enfrentar a otro equipo que se cierre y no lo deje jugar.

Es que más allá de lo mal que andan Huracán y Atlético Tucumán en el campeonato, son dos equipos grandes y que en Alta Córdoba se mostraron más ambiciosos que anoche los paranaenses.

El equipo que dirige Marcelo Fuentes vino con su libreto bien estudiado, sin arriesgar nada, le dejó la salida libre desde el fondo, pero lo asfixió en el medio campo, donde lo pobló de volantes.

Aunque siempre fue Instituto el que propuso, en esa instancia del juego, en tres cuartos de cancha, fue donde le costó asociarse y generar juego.

Estuvo lejos de imponer ese ritmo vertiginoso con el que supo arrollar al Globo y al Decano y eso también es atribuible al orden defensivo de la visita.

Pero así como al equipo le costó aplicar esa presión agobiante, con agresividad en el ataque y una intensidad constante, como la de los dos anteriores partidos como local, cuando mejor se predisponía a arrinconar a Patronato, tuvo el freno menos pensado.

Sobre el final del primer tiempo la Gloria había forzado al error visitante, generó peligro con una combinación entre López Macri y Burzio y un par de córners, y la cancha levemente se inclinaba por primera vez en el partido. Pero los propios barrabravas albirrojos no tuvieron mejor idea que pelearse entre sí.

La consecuencia fue que el partido se detuvo y, en el juego, el beneficio fue para la visita, ya que se logró enfriar el impulso de Instituto

La pelea entre dos sectores de la hinchada es una interna de vieja data. Esta época es fructífera para esta clase de gente, ya que con la vuelta de los visitantes, reaparecen los intereses por comandar los viajes, manejar las entradas y, si se suma que pronto habrá elecciones, también pueden ejercer presión a través de la violencia.

Esa lucha de poder por el control de la barra, lejos de dirimirse en otro ámbito, se desató en pleno partido. El juego se detuvo durante siete minutos y, cuando se reanudó, ocurrió un blooper, ya que Ezequiel Videla tuvo problema para controlar el balón al chocarse con la manguera de los bomberos, que cruzaba un rincón de la cancha.

Como siempre ocurre, la pelea de 20 contra 20 fue a la vista de todos y con total impunidad. La Policía, desde el otro lado del alambrado, sólo podía arrojar agua (¿alguna vez se logró frenar alguna gresca con este método?) y mirar cómo se pegaban hasta que tuvieran ganas.

Durante el entretiempo siguió la pelea y fue para destacar la reacción del 99 por ciento restante del público, que reprobó con cantos el accionar de esos delincuentes. El saldo fueron 11 detenidos, pero el mal que le hicieron al equipo y al espectáculo ya estaba hecho.

También es cierto que el problema de Instituto fue la falta de ideas y entre los suplentes, sin Hernán Encina, no tuvo una opción para crear. Aunque no fue derrota, el partido y la noche fueron para olvidar.