Instituto, el debut de "Miliki" y la fiesta que no pudo ser
La Gloria tenía controlado el partido y ganaba bien, pero se quedó al final y el Decano se llevó un punto. Los hinchas se quedaron con una rara sensación.
Lo de siempre. “Técnico que debuta no pierde”, repiten los hinchas cuando un nuevo DT asume al frente del equipo, con la misión de detener una caída o enderezar un rumbo.
Más que una frase hecha o una sentencia con cierto aire a mágico, en boca de los hinchas suena como una invocación esperanzada, cuya supuesta efectividad podría acrecentarse si el nuevo entrenador es una exgloria del club, un nombre y una estampa vinculada e identificada intensamente a momentos mejores, a lejanos (o no tanto) buenos tiempos.
Esta sensación de estar frente a una figura casi redentora es la que se palpó el sábado por la noche en Alta Córdoba, cuando Daniel Jiménez saltó una vez más al césped del Estadio Perón, esta vez para dirigirlo por primera vez como técnico.
Una ovación inicial y su apodo coreado desde las tribunas marcaron el comienzo oficial de su gestión al frente del equipo y por un momento evocaron registros sonoros de otros tiempos, de aquellos en los que “Miliki”, salía a la cancha empilchado de jugador.
Una ovación inicial y su apodo coreado desde las tribunas marcaron el comienzo oficial de su gestión al frente del equipo y por un momento evocaron registros sonoros de otros tiempos.
Un detalle. El combo de "cuerpo técnico de ídolos" no pudo estar completo porque Oscar Dertycia no pudo conseguir la habilitación para estar sentado en el banco con el rol de ayudante de campo.
El detalle, si bien significativo, no pesó en el entusiasmo de los hinchas, sobre todo luego de que el equipo virtualmente pasara por encima a Atlético Tucumán, hasta virtualmente borrarlo de la cancha.
¿Fiesta?Dos goles arriba y todo el tiempo llegando sobre el arco rival anunciaban una fiesta de sábado por la noche en Alta Córdoba. Pero luego vino el inesperado (e inexplicable) empate de Atlético y el champán quedó sin descorchar.
El DT que debutó no perdió, la sentencia futbolera, de relativa efectividad en los últimos tiempos, se cumplió, pero de la manera en que se consumó para los que estuvieron en el estadio tuvo un sabor peligrosamente cercano a la nada. De hecho los hinchas abrían las manos buscando explicaciones y en ese gesto evidenciaban que las tenían vacías.
Pero quien ve más allá del resultado tiene bastante que rescatar. “Miliki” había prometido que sus jugadores iban a “dejar todo” en la cancha. Por lo que se vio, no fue una frase de hecha.
Instituto metió en toda la cancha, y lo hizo de tal forma que desbordó a los tucumanos hasta anularlos y reducirlos a una inexpresiva formación que no podía dar dos pases.
El 2-2 en un partido de estas características está más emparentado con la suerte que con una reacción demoledora del rival. En definitiva, y pese al sabor amargo del empate, podría la llegada de Jiménez generó un efecto positivo.
Algo tal vez asociado a la mística ingresó en el torrente sanguíneo de los jugadores, y ese tipo de energía sólo pueden transmitirla quienes se han sabido ganar la condición de ídolos.