Temas del día:

Historias en Sudáfrica, esperando el mundial

Enviados de Mundo D pudieron entrar a la práctica gracias a la pericia de una policía Conocé la particular historia.

07 de junio de 2010 a las 08:29 a. m.
Angel Stival (Esepcial desde Sudáfrica)
Historias en Sudáfrica, esperando el mundial

Emile Becker empezó a desesperarse y quienes la escuchábamos dejamos de entenderle. "Go back, go back", nos dijo y nos sacó del tumulto del gentío que pretendía ingresar al entrenamiento de la selección por el mismo lugar por el que debían hacerlo los periodistas.

Allí, más tranquila, la experimentada, creativa y audaz policía sudafricana, encargada de la seguridad en ese portón, nos explicó que no podía hablar delante de todos, pero encontraría la forma de hacernos entrar evitando el descontrol que provocaría abrir esa puerta.

Emile se comunicó con sus compañeros y no pasaron más de cinco minutos hasta que llegaron al lugar dos vehículos policiales. Algunos tuvieron la "suerte" de subir al patrullero. A nosotros nos tocó viajar como presos en la estrecha cabina trasera enrejada de un celular habitualmente usado para trasladar detenidos.

"Esa mina es genial. Nunca me había metido en cana con tanta elegancia", dijo uno de los infaltables colados. Ingresamos, pues, por la prueba principal de Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria, por donde nunca pisa un periodista.

El aire triunfal se cortó en seco cuando hoscos guardias nos salieron al paso. "Por aquí, no. Necesitamos una orden superior", decían. Por suerte la orden llegó pero –como explicó luego Mabel Coyanis, integrante de la Asociación Argentina de Residentes en Sudáfrica– "no tienen el concepto de lo grande que es una Copa del Mundo de fútbol".

Coyanis contó que, con el respaldo de la Embajada argentina, habían conseguido organizar un contingente de 500 argentinos, con documentos de identidad y firmas, para ver a la selección.

“Pero no pudieron pasar porque hubo un desborde anterior, el estadio estaba lleno y la Policía decidió que no había capacidad. Éste es un país que amo, hermoso y de gente buena, pero por ahí son un poco inocentes todavía”, cuenta Mabel.

En fin, que después del último filtro en el que frenaron a los "colados" pudimos llegar a la tribuna, escenario de un espectáculo para todos los gustos.

Por ejemplo, Emilse y María Eugenia Gómez, mellizas de 25 años, nacidas en Río Segundo. Emilse vive en Sudáfrica desde hace tres años, está casada con un sudafricano y trabaja en el Consulado argentino. María Eugenia vino a visitarla y planea quedarse a vivir aquí.

Emilse dice: "Es lindo ser un poco el centro de reunión de los argentinos. Es muy especial esta Copa del Mundo sobre todo para la gente de color (los blancos son más amantes del rugby). Hay una continuidad con el Mundial de rugby de 1995 y servirá para profundizar la integración".

O los chicos del Saint Alban’s College de Pretoria que, dirigidos por el gaucho Hugo, un personaje de Esperanza (Santa Fe), corean el nombre de Maradona y se sienten en el cielo cuando Diego los saluda.

O el "espía" brasileño que nunca falta, en este caso, Wilson Baldini Junior, periodista del diario O Estado, de San Pablo: "Brasil no tiene tantos jugadores como Argentina. Si Maradona acierta en la elección, el equipo irá avanzando solo".

Hay más, como Federico Molnar, cineasta de Bajo Palermo, colaborador en Córdoba de la Asociación de Detenidos Desaparecidos y de la Asociación de Cultura Israelí (Acic), que anda por aquí desde hace tiempo, con su mochila a cuestas para ver algunos partidos y luego seguir hacia India.

O Carlos Grassino, que dice ser un ex futbolista que pasó por las filas de Belgrano en los '60 y jugó en el Newell's de Gironacci y "la Bruja" Belén. Suficiente, desde luego, para quienes llegaron a la práctica en calidad de detenidos.