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Guillermo Barros Schelotto, un ganador cuestionado

El DT sabe bien lo que es Boca y por eso admite que siempre debe ir por más. Pese a sus logros locales, se le exige obtener la Copa Libertadores.

10 de mayo de 2018 a las 08:27 a. m.
Daniel Guiñazú, Especial desde Buenos Aires
Guillermo Barros Schelotto, un ganador cuestionado

Guillermo Barros Schelotto, el  técnico bicampeón, lo sabe  mejor que nadie: “Boca es Boca”. Y que Boca sea Boca significa que hay que ganar siempre y que cuando se ha logrado una victoria, por más grande que sea, es tiempo de ponerse a pensar en la que viene.

Por eso, Guillermo y su mellizo Gustavo podrán disfrutar bien poco del título de la Superliga ganado en La Plata.

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Dieron la vuelta olímpica, recibieron abrazos y felicitaciones, se sacaron cientos de fotos y pasado el ruido de la consagración, hoy mismo deben empezar a preparar el partido del miércoles con Alianza Lima en la Bombonera, el último de la fase de grupos de la Libertadores.

Es tan cruel el ganapierde del fútbol, que el bicampeonato argentino podría quedar reducido a una anécdota feliz si Boca no pasa a los octavos del torneo continental. “La Copa” es la obsesión máxima de los xeneizes. Hace 11 años que no se la gana. Y todo empalidece al lado de su brillo. Guillermo la levantó en cuatro ocasiones como jugador (2000, 2001, 2003 y 2007). Ahora también quiere sellar su nombre como DT.

Ni siquiera el haber ganado la Superliga de punta a punta y haber sostenido una hegemonía de 515 días en lo más alto de la tabla, alcanzó para frenar los cuestionamientos a Guillermo cuando las cosas dejaron de salir bien. El Boca arrasador que ganó los ocho primeros partidos del campeonato (incluyendo el Superclásico a River en el Monumental) y logró 30 de los 36 puntos iniciales se terminó con el receso de verano y las graves lesiones de Fernando Gago y Darío Benedetto.

Rearmado y quiebre

Como en el campeonato anterior, Guillermo debió emplear las vacaciones para rearmar el equipo que se le había desmembrado. Y allí volvió a chocar y a perder con el presidente Daniel Angelici. Pidió refuerzos de jerarquía. Sobre todo el regreso imprescindible de Ricardo Centurión.

Pero Angelici no le dio el gusto: le impuso la vuelta desde China de Carlos Tevez y la llegada de tres cordobeses: Julio Buffarini, “Bebelo” Reynoso y “Wanchope” Ábila, un delantero grandote y goleador que mucho no le gustaba. Pero que al final terminó respondiéndole.

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El Boca del primer semestre de 2018 ya no fue el mismo. Insistió en su juego vertical y directo, de presión alta y llegada rápida al área contraria. Pero ya no tuvo los goles de Benedetto para definir. Tevez quiso jugar lejos del área y tuvo poco resto físico para llegar hasta allí. Hasta pareció mentalmente fatigado “Carlitos”. Mucho más cerca del ocaso que del crack que supo ser.

En ese contexto, Guillermo reforzó su apuesta preferencial de siempre por Cristian Pavón. Le dio la titularidad en todos los partidos y muchas veces, el equipo jugó a tirársela a “Kichan” para que él se las arregle por los dos lados. Dio la cara el delantero de Anisacate. Tanto que con sus desbordes y sus goles fue el mejor jugador del equipo y acaso, también de la Superliga. Su cláusula de rescisión llega a los 36 millones de euros. Muchos creen que después de ir al Mundial con la selección, Pavón seguirá brillando en Europa.

Sin dudas, el peor momento de la temporada para Guillermo sobrevino después del 0-2 que River le estampó en Mendoza por la final de la Supercopa. Luego de esa derrota, todo fue puesto en cuestión. Desde la solidez anímica de su plantel para afrontar finales hasta el armado mismo del equipo, pasando la calidad de sus planteos y sus demoras para cambiar sobre la marcha.

Se lo criticó tanto a Guillermo desde entonces, se desconfió tanto de su capacidad, se sembraron tantas dudas en el llamado “Mundo Boca” luego de la derrota copera ante Palmeiras en la Bombonera y el pálido empate ante Junior en Barranquilla que, orgulloso, autosuficiente y ganador nato como es, debe estar viviendo estas horas triunfales de su segunda vuelta olímpica como técnico xeneize como un desquite personal.

Su Boca ofreció el corazón pero no siempre su mejor fútbol. Igual salió campeón. Y ahora va por el gran objetivo: la Copa Libertadores.

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