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"A good asadit"

Eso fue lo que almorzaron, el viernes, los enviados de MundoD con otros cordobeses en Pretoria.

19 de junio de 2010 a las 09:20 a. m.
Ángel Stival, especial desde Sudáfrica
"A good asadit"

Pretoria. Aprendimos de memoria algunas palabritas en inglés y salimos a la gran aventura de encontrar un butcher\'s shop (carnicería) en Pretoria. Y enseguida lo encontramos, en la calle South, a metros de la avenida Duncan, cerca de la concentración argentina.

Teníamos preparada nuestra jerga tarzaniana (flesh o meat para la carne, cooked para el asado, firewood para la leña) pero no fue para nada necesaria.

Nos encontramos con un carnicero sudafricano "domesticado" por los numerosos argentinos presentes en la ciudad en estos días, quien, igual que nosotros, tenía anotadas en un papelito las palabras mágicas: costilla, vacío, bocado, chorizo. El carbón estaba a la vista como allá.

Esos cortes, más unas costillas de cordero, redondearon un poco más de siete kilos de carne por la que pagamos unos 500 rands (250 pesos argentinos), mientras el carnicero nos hacía probar sus “facturas”: un jamón casero más bien oscuro, del color de nuestro charqui, y unas exquisitas salchichas hechas con la carne de una gacela saltarina, símbolo de los Springboks, la famosa selección sudafricana de rugby.

Los invitados no llegaron con las manos vacías: trajeron vino, gaseosas, pan y ensaladas varias en las que gastaron 300 rands (150 pesos).Las ganas de festejar "a lo argentino" se conjugaron con la disposición de los dueños del Amadeus Guesthouse, una familia negra encantadora de la que Amanda, la señora de la casa, es la cabeza visible.

Vale la pena contar su historia porque es representativa de los milagros conseguidos por el fin del apartheid. Ellos, con un crédito del Estado, pudieron comprar la enorme casona que nos cobija en medio de un barrio de blancos (Brooklyn) que viven en casas fortificadas con defensas eléctricas incluidas, y convertirla en una hostería que les permite formar parte de una próspera clase media negra que reclama cada vez más espacio en el manejo de los asuntos públicos de Sudáfrica.

Cuando una de las empleadas del hotel preguntó qué estábamos haciendo, no encontramos la respuesta hasta que uno de nosotros zanjó la cuestión diciendo, con aire doctoral: "A good asadit".

Sergio Russo, ingeniero agrónomo de Etruria, se llevó todos los “aplausos para el asador”, que se repitieron en cada brindis, cada vez con más entusiasmo, mientras las vituallas desaparecían como por arte de magia.

Como por arte de magia también, apareció el ferné (importado directamente desde Córdoba) para ponerle un toque cordobés a la sobremesa, que transcurrió en un patio soleado, junto a la piscina, matizada con relatos de las aventuras vividas en Sudáfrica.

No hubo tiempo para el mate, que ya estaba listo, pero quedó para otra ocasión. El entrenamiento de la selección nos convocaba.

Logramos discernir con cierto esfuerzo que, al fin y al cabo, la ilusión alimentada por Maradona y sus muchachos era la razón de ser de este festejo bien cordobés. Pero también la de nuestra estancia aquí. Y allá fuimos.