Franco, con filosofía marcada
A lo Bielsa. Mundo D observó el partido detrás del banco de suplentes de la Gloria y siguió cada movimiento del DT que lo vivió a mil.
Fue imposible no emparentar los movimientos y ademanes que realizó Darío Franco con los que hace habitualmente Marcelo Bielsa. Más allá de los gestos ampulosos, hay una forma de vivir el fútbol que comparten el entrenador de Instituto y el del Athletic Bilbao. A ambos los une una misma escuela, la de Newell's. Se nota que Franco no sólo aprendió algunos conceptos del "Loco", sino que también se contagió de todo lo que implica la filosofía bielsista: pulsaciones a mil, un repertorio de gestos y una palabra, "relajación", que no está en su vocabulario.
Mundo D observó el encuentro detrás del banco de suplentes de la Gloria para seguir cada movimiento de Franco. El partido no había comenzado y el DT ya estaba ansioso, al punto que les pedía a los camarógrafos que despejaran su zona.
De arranque, no se sentó. Al minuto de juego dio su primera indicación para que el equipo abriera la cancha. “Pedila vos, ‘Ale’”, le reclamó a Gagliardi. Y casi al instante, protestó la primera decisión del árbitro, al pedirle córner en lo que fue un saque de arco para Chacarita.
Se sentó a los 5 minutos de juego, después de enojarse cuando una jugada de gol del Funebrero derivó en un tiro de esquina; pero no tardó en pararse de nuevo. Duró apenas un minuto en su asiento y ya no se volvería a sentar en el primer tiempo.
A los 20 minutos, insultó y amagó con patear su silla después de otra chance de gol de “Chaca”. Pero la primera “joyita” de la noche fue la forma en la que intuyó la apertura del marcador. Fue la primera vez que traspasó los límites del “corralito” demarcado para sus movimientos y, con tranquilidad, siguió con atención cada jugada hasta el desenlace del gol de Lagos, que celebró alzando los brazos, como aliviado.
Al minuto, Franco ya era de nuevo un manojo de nervios y el repertorio de gestos se amplió con el correr de los minutos: manos en jarra, rascarse la cabeza, el clásico “¿qué cobrás?”, y la apertura de brazos como diciendo “por fin una para nosotros…”, entre tantos más.
La segunda perlita de la noche llegó tras el gol de tiro libre de Dybala. No habían pasado 10 segundos de la ejecución y el estadio deliraba ovacionando al goleador, cuando Franco señalaba el centro del campo pidiéndoles que se acomoden y que no se demoren en el festejo.
En el complemento, el DT tampoco se sentó. Permanentemente recurrió a su ayudante de campo Alberto Gómez como si fuera la voz de su conciencia, para que lo escuchara cuando sus jugadores no lo hacían.
Hubo un par de “perlitas” más. La tercera, cuando promediaba el segundo tiempo, el DT de la Gloria sacó una botellita de agua y quiso convidarle a Cristian Gutiérrez de Chacarita, que estaba para hacer el lateral.
El defensor mucho no entendió, agarró la botella y la dejó. Después tuvo un gesto paternal con Coronel, a quien luego de reemplazarlo le palmeó la nuca cuando se sentó en el banco.
Llamativamente se lo tomó con calma al descuento de “Chaca”, pero inmediatamente lo llamó a Lucas Bustos para que ingresara.
La última fue cuando Encina convirtió el tercero. Esta vez sí lo gritó con alma y vida, pegado al alambrado y mirando a la platea, dedicándoselo a un hincha (a quien le pedía que lo gritara más fuerte), que le había recriminado cambios después del gol de "Chaca".Franco terminó el partido tan extenuado como en sus mejores años de futbolista.