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Festejo por duplicado: “La Wanora” y el Talleres del ’63

Los 80 años de Miguel Romero y el 50º aniversario de la consagración del equipo de 1963 fueron eje de un emotivo homenaje.

21 de julio de 2013 a las 11:03 a. m.
Festejo por duplicado: “La Wanora” y el Talleres del ’63
Hay equipo. Miguel Romero recibió un presente de Mundo D, acompañado por Daniel Willington, Francisco Armenante, Miguel Ponce y Abel Montoya. // Foto: Facundo Luque

La excusa del Día del Amigo terminó siendo el disparador de uno de esos homenajes que, una vez propuestos, resulta imposible de rechazar. “Podemos celebrar los 80 de ‘la Wanora’ y, de paso, los 50 del Talleres campeón del ’63”, tiró el periodista Ramón Gómez sobre la mesa y la producción del programa televisivo Pequeñas Historias, junto a La Voz del Interior, se sumaron a la organización de un evento que tuvo un aliado incondicional: la familia de Miguel Romero, principal agasajado de una fiesta sorpresa para el goleador histórico del club de barrio Jardín.

La reunión, una cena en un salón de calle O’Higgins, fue algo más que un evento cargado de nostalgia. Fue, ante todo, el reencuentro de viejos amigos que en su juventud llevaron a Talleres a consagrarse como el mejor de la Liga en 1963, en una temporada en que el poder ofensivo de la “T” era de temer: 68 goles en 27 partidos.

Jesús Gallegos, Roberto “la Chancha” Cortez, Miguel Ponce y Francisco Armenante fueron algunos de los integrantes de la “generación del ’63” que se llegaron ayer a una fiesta a la que tampoco faltaron referentes de otros equipos albiazules, como Daniel Willington (se quebró hasta las lágrimas en la evocación), Abel Montoya y Osvaldo Aliendro. También estuvieron Ernesto Salum y José Maslub.

“La Wanora”, que recibió innumerable cantidad de presentes, no sabía cómo agradecer tanto afecto. “Muchas gracias por esto, que no me lo esperaba, y por reencontrarme con mis compañeros y con toda esta gente a la que quiero mucho”, dijo un emocionado Romero.

Prócer de la “T”

Romero llegó en 1955 de su Cruz del Eje natal con toda la incertidumbre de un chico del interior que descubre las luces de la gran ciudad. “Miguelito” todavía no era “la Wanora” y Talleres no había dimensionado cabalmente aún la figura que le había “arrebatado” a Independiente de aquella localidad a cambio de 55 mil pesos, unos 3.934 dólares de acuerdo al ­cambio de la época.

“Mi vieja me mandó con una tortilla de papa, por si tenía hambre y no me daban de comer. Andaba con la tortilla debajo del brazo y en un entrenamiento la escondí detrás de un poste, pero la descubrió (Ugolino) Serra y me la comió. ‘Decile a tu vieja que te haga otra’, me dijo después”, contó Romero sobre aquellos primeros días en barrio Jardín.

Después pasó lo que pasó y “Romerito” se convirtió en una suerte de prócer y referente ine­ludible de la historia de Talleres. Por su indiscutible trascendencia como jugador, pero también por su perfil humano alejado de vedetismos y polémicas.

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