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En el Mundial, hay otro Brasil que no sale por la TV

La favela Papagaio es la más grande y peligrosa de Belo Horizonte. Viven alrededor de 50 mil personas. Ayer, un grupo de chicos estaba más preocupado por jugar al fútbol que por el Mundial.

24 de junio de 2014 a las 09:35 a. m.
Redacción La Voz
En el Mundial, hay otro Brasil que no sale por la TV
La favela Papagaio, la más grande de Belo Horizonte. (Foto: La Voz)

Anderson, Talcio, Michael, Luis Filipe, Fernando y Bruno ahí andan, pateando una pelota vieja. En medio de la tierra suelta. Talcio está sin remera ni zapatillas. Fernando y Bruno juegan en "patas". No les importa nada. Son las 16.35, en un ratito más juega Brasil por la clasificación a octavos de final contra Camerún. Pero a estos niños brasileños poco les importa. Su Mundial está ahí. En esa cancha de fútbol en la base de la favela Papagaio. La más grande de Belo Horizonte, donde viven alrededor de 50 mil personas. Entre ellas, estos seis chicos a quienes les encanta el fútbol.

“Messi, o melhor”, dice Talcio haciendo el gesto con el índice para marcar el número “1”. “No Neymar, Messi é o melhor”, repite cuando Mundo D le pregunta sobre el ídolo brasileño que más tarde haría dos goles en el triunfo 4-1 sobre los africanos. Brasil jugará el próximo sábado en el Mineirao de Belo Horizonte. Cerca de estos chicos que se divierten con poco.

Esto también es parte del Mundial. Es el Brasil que no sale en las pomposas transmisiones de televisión que muestran todo perfecto, hinchas felices de la vida, pintados, disfrazados, comiendo y bebiendo hasta más no poder. Ese Mundial es para unos pocos. Para gran parte de este hermoso país vecino, la Copa del Mundo es prohibitiva.

Este enviado especial y Gabriel Moyano, de La Voz del San Justo de San Francisco, ingresamos ayer a la favela más grande y peligrosa (el sábado 14 mataron de ocho tiros a un individuo en el ingreso a la villa) de Belo Horizonte en un Volkswagen Voyage sin custodia policial. Los uniformados, luego nos dijeron, estaban más pendientes del resto de la ciudad por el encuentro de la selección que por Papagaio (la traducción sería barrilete y se llama así porque siempre hay chicos jugando con ese entretenimiento).

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Entonces, recorrer las callecitas en empinada, porque esta gran villa miseria nace en esas canchas de fútbol donde jugaban los chicos y va creciendo por el morro (sierra) hasta desembocar en una avenida, se hacía complicado. Se cruzaba alguna gallina, venía otro auto de frente, pasaba un ómnibus chico, varias motos metían mucho ruido, y la gente caminaba en medio de todo eso. La mayoría de las casas eran precarias y, como mínimo, de dos pisos. Ese es el paisaje en Papagaio. Desde hace unos años se ejecuta un proyecto llamado "Favela bela", a través del cual se pintan de colores vivos las casas de la villa. Algunas estaban pintadas, otras no.

"Hay droga, armas, es inseguro para los niños. Por eso trato de que jueguen al fútbol y se diviertan un poco", contó un padre preocupado.

Ricardo, papá de Luis Filipe, era el que tiraba los centros para los chicos. “Hay droga, armas, es inseguro para los niños. Por eso trato de que jueguen al fútbol y se diviertan un poco”, contó un padre preocupado. En tanto, el policía Roberto Pereira intentó convencernos de no subir el morro sin custodia. Al final del recorrido, no fue para tanto. Pudimos pasar por el medio de la favela y estar un buen rato con los chicos en la cancha sin que nada nos pasara. Claro, sólo estuvimos casi una hora, estaba de día y casi todos distraídos por el Mundial.

Por el otro Mundial, el que sale perfecto por TV. El verdadero Brasil se puede ver en los ojos de Anderson, Talcio, Michael, Luis Filipe, Fernando y Bruno, en esa pelota vieja, en el arco oxidado, en las redes deshilachadas y en la tierra removida por los pies descalzos de este otro país.