En Boca bailan por otra estrella xeneize
No fue un domingo cualquiera para los boquenses. Desde temprano y hasta más allá de la medianoche, celebraron el título 66. El triunfo 2-1 contra Unión fue casi decorativo.
Un domingo con Boca Juniors campeón no es un domingo cualquiera. Hay una vibración diferente en el aire, suena de otra manera, se lo vive distinto. Un domingo con fiesta y vuelta olímpica en la Bombonera y en buena parte del país futbolero es una experiencia que debe ser vivida con todos los sentidos abiertos. Con todos los asombros a flor de piel.
En ese marco, el partido de ayer con Unión fue un simple pretexto para darle rienda suelta a la alegría grande de los xeneizes. Ganó Boca por 2-1 con otros dos tantos de Darío Benedetto, su gran goleador con 21 conquistas. Pero resultó un trámite protocolar. Esta vez, lo que sucedió sobre el verde césped resultó lo menos importante. Lo valedero fue la celebración del 66° título de la historia xeneize.
La fiesta arrancó temprano y lejos del viejo estadio de la Ribera. Al mediodía, miles de hinchas boquenses se fueron hasta el hotel de Puerto Madero donde estaba concentrado el plantel, para acompañar el viaje del ómnibus hasta la Bombonera. Una pared humana azul y oro flanqueó la ruta. Tanto que más de un tramo debió cubrirse a paso de hombre y algunos futbolistas incluso llegaron a subirse al techo del vehículo para no perderse ningún detalle de tanto amor por Boca.
Los jugadores con sus familiares dieron la vuelta olímpica una hora antes del partido. Luego, cuando el equipo ingresó a la cancha para jugar algo que a casi nadie le importaba, los papelitos, el estruendo y el humo azul y amarillo invadieron todos los rincones. Y el griterío de los 60 mil hinchas que pudieron entrar al estadio (muchos no lo consiguieron y hubo algunas refriegas con los controles policiales) se hizo atronador cuando Fernando Gago bajó la estrella 66 de un drone y la depositó en el medio de un escudo gigantesco en el círculo central.
Quedó dicho: el partido fue una simple excusa. El primer gol de Benedetto, a los 11 minutos del primer tiempo, tras un mal saque del arquero Matías Castro, casi que liquidó lo poco que se esperaba del juego. Sin la tensión competitiva de otros partidos, pero sereno, seguro y confiado, Boca subrayó amplias diferencias. Unión puso cinco volantes y un delantero de punta (Lucas Gamba). Pero tuvo muchos problemas para sostener la pelota.
Con otra definición certera de Benedetto en el arranque del complemento, Boca se aseguró el resultado. Luego, se preocupó para que el tiempo corriera sin demasiados sobresaltos. Bruno Blasi descontó de cabeza a los 13 minutos. Pero los tatengues no tuvieron resto como para arruinar el tramo final de la fiesta que empezó poco después del último pitazo del árbitro Mauro Vigliano.
El estadio a oscuras e iluminado sólo por la luz de miles y miles de celulares y el estreno del reloj con la cuenta de los años que Boca lleva ininterrumpidamente en Primera División en un irónico mensaje a River, anticiparon los momentos más esperados: la entrega de las medallas y de la copa del campeonato que levantó el capitán Fernando Gago, y la vuelta olímpica final en medio del clamor renovado de las tribunas.La noche se cerró con el festejo más íntimo y reservado en el vestuario, la salida del estadio en un ómnibus descapotado para seguir recibiendo el cariño de los hinchas, se espera la visita de un par de jugadores al living de Susana Giménez pero al final no asistieron, y la cena de gala en un hotel de Puerto Madero hasta pasada la medianoche con la familia, los dirigentes y los sponsors, antes de empezar hoy mismo las merecidas vacaciones post-campeonato.
El domingo de Boca campeón pareció tener más de 24 horas. Fue inacabable. Millones de hinchas en todo el país quisieran que dure para siempre.