En Belgrano y Talleres, las estructuras están por delante de las pasiones
Medidas desde una vara que se limite sólo a los resultados, Belgrano y Talleres atraviesan coyunturas que les deparan sinsabores diferentes pensando en algunos de los objetivos que se plantearon sus primeros equipos.
La "B" recibió un mazazo cuando el miércoles pasado fue eliminada de la Copa Sudamericana al defeccionar ante una multitud en una serie que tenía bastante encaminada frente al Coritiba. Ayer recibió a Lanús, último campeón del fútbol argentino, y le empataron sobre la hora, lo que le generó el sabor agridulce que surge de haberse recuperado de aquel golpe sufrido durante la semana, pero en simultáneo ver cómo al final se le escurrían dos puntos.
La "T" ve con preocupación que a esta altura de su regreso a Primera División, la adaptación a la máxima categoría del fútbol argentino le está costando más de la cuenta en cuanto a la sumatoria de unidades. Está mucho mejor en el juego que en las tablas y eso impacta en forma negativa cuando se toma conciencia que de 15 puntos sólo rescató dos y aunque faltan 25 fechas, lo que es una enormidad, en barrio Jardín saben que no se pueden descuidar.
Sin embargo, en una visión menos reduccionista y mucho más amplia, en Belgrano y Talleres, desde que Armando Pérez y Andrés Fassi y sus equipos conducen los destinos de ambos clubes, las planificaciones, las líneas de acción, los proyectos y las metas están por delante de los resultados deportivos. Con claridad, las estructuras y el trabajo a largo plazo están por encima de un triunfo o una derrota. Ambas dirigencias se han ocupado de consolidar (a veces con más éxito, otras con menos) la idea que los tiempos de las instituciones deben trascender las urgencias de las pasiones deportivas y que un traspié no debe condicionar el andar del club.
Con esos parámetros han intentado manejarse las dos directivas, que cada vez que han sufrido una frustración en la cancha han procurado que a las pocas horas todas las partes involucradas (técnicos, jugadores, auxiliares, empleados) ya estuvieran de nuevo en el ruedo intensificando sus trabajos para seguir adelante.
Celestes y albiazules pueden dar fe de que, con sus fórmulas, en la historia reciente les ha ido mejor que peor. Por supuesto que los tropezones duelen e inquietan, pero las señales que emiten es que bajo ningún aspecto paralizan. Y eso es más que alentador.