En Belgrano, la paciencia es lo último que se perdió
Después del empate sin goles ante Temperley, la gente despidió al equipo con una silbatina. Belgrano lució cansado y, sin identidad, estuvo más cerca de perder que de ganar.
La paciencia es lo último que se pierde, dicen. Hasta el domingo, el hincha de Belgrano le hacía honor al dicho popular y sacaba pecho con eso de que al equipo se lo alienta "en las malas mucho más".
Sin embargo, luego del empate sin goles frente a Temperley, en el estadio Mario Kempes, las 20 mil almas que fueron y alentaron se sintieron defraudadas. Y la mayoría optó por la indiferencia o por sumarse al coro de silbidos que acompañó la salida presurosa de los jugadores rumbo al vestuario. Luego de la eliminación de la Copa Argentina ante Rosario Central, hinchas pidieron que rueden las cabezas de los más experimentados, como si la solución pasara por la renovación.
Aunque por plantel, presupuesto y posibilidades Belgrano es mucho más que Temperley, ayer, en la calurosa tarde-noche cordobesa, el Pirata ganó un punto. No es que el Gasolero lo haya superado abiertamente, pero fue, de los dos, el que impuso su juego y el que contó con las chances más claras para abrir el marcador, incluido el penal que Juan Carlos Olave le contuvo a Ariel Cólzera, a los 11 minutos del complemento. Después de esa acción, el arquero emblema de los Piratas se llevó la mano a la boca para hacer un gesto claro, poniéndole un cierre a la boca. Pareció ser un pedido para los hinchas, aunque el propio Olave luego se encargó de aclarar que fue dirigido a un periodista.
Deuda de gol
La realidad indica que Belgrano es el equipo con menos goles del certamen: apenas convirtió cinco en 12 fechas. Además, hace 70 días que no gana en Primera: desde el 23 de septiembre, cuando derrotó 2-0 a Unión de Santa Fe, que era dirigido por Leonardo Carol Madelón, hoy entrenador del Pirata, en condición de visitante. Aunque, después, obtuvo un triunfo por Copa Argentina el 5 de octubre: 2-0 a Juventud Unida de Gualeguaychú por cuartos de final, en cancha de Lanús.
“Leo”, sin verso
“Le pido paciencia al hincha. Hace 10 días que estoy. En este tiempo, y en medio de los viajes, traté de trabajar en la recuperación de partidos, hablando y motivando. Pero al hincha de Belgrano tenemos que darle mucho más. Hay que mejorar muchísimo”. Con esa frase, Madelón intentó calmar las aguas, mientras la caravana de hinchas ya emprendía otro amargo regreso y lo escuchaba por radio.
El técnico trató de explicar que todavía está en la etapa de diagnóstico, una instancia que no se puede saltear. “Teníamos un sistema de juego y tratamos de volver a otro”, dijo, dejando en claro que piensa en una estructura más parecida a la que disponía Ricardo Zielinski que a la que intentó enarbolar Esteban González.
En realidad, la gente tiene en claro que el ciclo de “Carol” recién se inicia, pero le cuesta digerir que el equipo no genere absolutamente nada, ni desde del juego ni desde el amor propio. El DT no puso excusas. “Hoy fue distinto (con relación a los partidos ante Atlético Tucumán y Rosario Central). Estábamos sin chispa”, reconoció.
“Belgrano es un club importante. Hace 19 años que dirijo y nunca le voy a mentir al hincha. Nos duele vernos así en la tabla. Este era el partido que queríamos ganar. La parte física pesó muchísimo. No nos dejó actuar”, completó el entrenador antes del veredicto final: “Vamos a salir despacito. No se puede salir de golpe”.
¿Lo entenderá la gente? A Belgrano le quedan dos partidos (ante Gimnasia de visitante, el próximo sábado, y ante Central en Córdoba) antes del receso y del cierre de su peor año desde el retorno a Primera División.
