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El volver a empezar de la selección

11 de agosto de 2010 a las 01:06 p. m.
El volver a empezar de la selección

Todavía retumba el ruido que provocaron los cuatro puñetazos con los cuales Alemania sacó a Argentina del Mundial sudafricano y aún más los gritos del conventillo que sucedió a aquella eliminación y al despido inducido de Diego Maradona como entrenador argentino. A 40 días exactos de aquel fatídico sábado 3 de julio en el Green Point de Ciudad del Cabo, donde a los 2 minutos los alemanes ya habían sellado el rumbo del partido, la selección argentina inicia hoy en Dublín un nuevo ciclo que intentará concluir en Brasil 2014, Mundial para el cual deberá clasificarse durante las próximas eliminatorias sudamericanas. Antes, el próximo año, deberá afrontar en nuestro país la Copa América, un torneo que se transforma en una ocasión generosa para lograr un título oficial en mayores, algo que no sucede desde Ecuador '93.

El amistoso de esta tarde, sin dudas inoportuno por el momento de preparación en el que se encuentran los jugadores en todo el mundo a lo que se le suman las desprolijidades propias de la AFA, tiene peso específico porque es el punto de partida de una nueva etapa. Después de todo lo que pasó en estas semanas y siendo coherente con la eterna realidad desorganizada del fútbol argentino, era de esperar que el compromiso encontrara al seleccionado a mitad camino entre el duelo por aquella ocasión desperdiciada y la necesidad de buscar una luz de cara a un futuro que otra vez estará condicionado por las urgencias. Pero no por eso hay que subestimar este encuentro de hoy y mucho menos el que se jugará el 7 de setiembre en Buenos Aires ante el campeón del mundo, España. En estos partidos puede definirse muchísimo del destino de la selección, no sólo porque Sergio Batista buscará argumentos para continuar como técnico nacional (aunque muchos digan que ya la tiene abrochada porque "se lleva bien con el mánager Carlos Bilardo"), sino también porque, por todo lo sucedido en estas horas en tierras irlandesas, pueden quedar sentadas las bases de lo que vendrá. Sólo resta aguardar que aquello que se geste asegure un porvenir más auspicioso.