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El sueño Sudamericano

Valentín Conte. Tiene 7 años, juega en la escuelita de Belgrano y, a horas del debut de la "B" en la Copa, ahorra para cumplir su sueño: viajar a Perú o a Uruguay para, en caso de vencer a Lanús, ver al Celeste.

26 de agosto de 2015 a las 12:20 p. m.
El sueño Sudamericano
Valentín, con la de Belgrano puesta, se encamina al arco rival.

Miguel, Diego y Valentín fueron siempre unos adelantados. Leyeron la jugada antes que nadie y pegaron primero. Cuando Diego tuvo 10 años, Miguel lo comenzó a llevar a la cancha. Y hoy que tiene 29, Diego hace lo propio con Valentín, que tiene siete pero va desde los tres. Juntos, abuelo, padre e hijo gritan su pasión por Belgrano.

Y ese amor celeste que se traspasa casi desde la cuna, Valentín lo expresa cada fin de semana en la escuelita del club, donde juega desde hace más de un año y logra que esa tradición pirata adquiera la mejor forma: la de toda la familia alentando por los colores del corazón, pero con el plus de hacerlo con un integrante defendiendo esa camiseta del alma.

"Juego en Belgrano desde marzo del año pasado. Este es mi segundo club, porque antes estaba en el Sport de Villa Allende, pero allá era más aburrido porque acá (por Belgrano) hay más actividades y, además, soy hincha", larga el delantero, que se entrena dos veces por semana y, los sábados, juega con otras escuelitas de fútbol en el predio de la "B".

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El amor, claro está, puede llevar a cualquier buen vecino a cometer excesos, a andar por la vida apostando por algo que ni Dios sabe si sucederá. A horas de que Belgrano debute en la Sudamericana ante Lanús, Valentín ya se anticipó y comenzó a pensar en la próxima fase: les avisó a los suyos que está ahorrando para recaudar plata y, de esa forma, poder viajar a Uruguay o a Perú para ver al "Pirata" frente a Universitario Deportes o Defensor Sporting, en un virtual choque por octavos de final de la Copa.

"Les voy a pedir plata a todos los que tengan así ahorro y me voy a Perú o a Uruguay a ver la Sudamericana. Seguro, les voy a pedir a mi abuelo, a mi abuela, a mi papá y a mi mamá… y a todos los que pueda. Voy a ir a ver la Copa, seguro", afirma con idéntica certeza con que encara a los zagueros con pelota dominada "Valen" o, como lo llaman los amigos de fútbol de papá, "Rigonito".

Hincha de tablón

A Valentín no le vengan con el holgado sillón y el pack de TV en HD. El alumno del 1º grado del colegio 17 de Agosto concibe el fútbol de una sola manera: con el perfume de la cancha.

"Voy a la cancha con mi abuelo y mi papá desde chiquito, desde que tengo la edad de mi primo (Salvador, dos años) más o menos", calcula el heredero de una pasión cuyas raíces se encuentran bien en el fondo de la historia familiar. "Yo empecé a ir a la cancha con mi viejo desde muy chico, a los 10 años más o menos. Siempre fuimos socios. Y el Valen, no bien cumplió los tres, también empezó a ir", explica Diego.

El amor, redondo como una pelota Diego y Camila (27) no tienen aún 30 años. Él desde una empresa de telefonía celular y ella desde la librería del colegio y mientras estudia Psicología, se las ingeniaron para aprender a la perfección el oficio de ser jóvenes papás. Tanto, que en diciembre o enero nacerá Ema, la segunda hija de este matrimonio que encuentra en el fútbol un complemento educativo ideal y que, por eso, se sacrifica para que Valentín entre en contacto con una pelota.

"Mi señora (Camila) va a la facu, estudia Psicología, y como se tiene que tomar dos colectivos, lo lleva al Valen hasta el Centro y lo deja en entrenamiento. Yo, que trabajo en la Av. Colón, lo busco, lo espero a que termine la práctica y de allá nos venimos juntos. Mientras podamos, lo vamos a seguir llevando. Está buenísimo porque es todo por iniciativa de él. Los sábados se levanta antes que nadie para ir a jugar. Cuando está en la cancha, se divierte, tiene una alegría inmensa y yo simplemente lo disfruto", larga papá, que en una sonrisa deja en claro que el fútbol es mucho más que 22 tipos queriendo embocar una pelota en dos arcos.

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