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El renacimiento español

Durban fue ibérica. Los germanos coparon la ciudad más caliente del Mundial. Pero la Furia hizo historia. Muchos argentinos vivieron el partido en la cancha y no lo podían creer.

08 de julio de 2010 a las 08:22 a. m.
Federico Giammaría, enviado especial a Sudáfrica
El renacimiento español
Puyol ya convirtió y todo España quiere acercarse para abrazarlo (Foto: AP).

Durban. No es que hubiera temor, pero en Durban la tarde gris parecía hecha a medida de Alemania. Mucha cerveza en la playa, rubios de caras rojas, todos alentando a la Mannschaft, su selección, "el equipo". Pero en el recaudo español había algo de sabiduría. Esperar, confiar en las fuerzas y, luego, a jugar como se sabe. España lo hizo. Logró ganar el partido que Argentina no supo. Salió a detener a la máquina teutona con un juego compacto y colectivo sin fisuras, y cambió la cara de Durban, que terminó rendida a los pies de la Furia.Mientras transcurría la semifinal de ayer, los cientos de argentinos que vinieron hasta la ciudad más "caliente" del Mundial (así se presenta) no daban crédito a lo que veían. Pero no por España. "No puedo creerlo, Alemania no tiene nada. ¿Era más fácil de lo que parecía, entonces?", se preguntaba Sebastián Almada, un publicista de Buenos Aires que tenía tickets para este partido y para la final.Trajo la bandera que había acompañado al equipo de Maradona en todo el Mundial. La colgó en la segunda bandeja ("Creo en Dios", dice) para dejar testimonio de que aquí hubiera podido estar Argentina. Y, como él, varios pabellones más. Nostalgia por aquello que nunca ocurrió.Aunque vista la Alemania de ayer surgió la duda entre los que, como Sebastián, pudieron ver las dos versiones del equipo de Löw: la aplanadora del pasado sábado, en Ciudad del Cabo, y la fiera domada de Durban. La verdad es que nadie encontró una respuesta satisfactoria.Paso a paso

España había comenzado mal, muy mal, esta Copa del Mundo. Perdió contra Suiza y quedó al borde del abismo. Se dijo que el equipo llegaba cansado, que el frío de Potchefstroom (la pequeña ciudad al noroeste de Sudáfrica que eligió para concentrar) la estaba matando, que el período de gracia de la Eurocopa 2008 había pasado. "El Mundial no ha terminado", contraatacó después de la catástrofe Vicente del Bosque, su DT. Lo dijo sinceramente y rearmó el espíritu ibérico.Con temor a caer al vacío fue a buscar a Honduras y luego a Chile. Se clasificó y entonces le tocó Portugal y luego Paraguay. Ganó todos, curó su orgullo y llegó hasta "semis"."No ha existido otra selección española más reconocible, versátil y competitiva que ésta", escribió en el diario El País José Samano, uno de sus periodistas que más sabe del deporte rey. Y no exagera: han practicado el mejor juego del Mundial. Ni exagera la gente que anoche festejaba algo inédito: están por primera vez en una final de un Mundial. Saltaban y entonaban esos cánticos de primaria que provocan ternura. El "A por ellos, oé...", no parece apropiado para el mejor de un torneo tan grande. Pero, a no desesperar. Quizá un título mundial los haga madurar como hinchada.Mientras eso ocurre, las banderas españolas siguieron flameando frente al orgullo de la Deutscher Fußball-Bund (la Federación germana), que se mantuvo en pie a pesar del dolor de su símbolo, el gran Bastian Schweinsteiger. En Durban, la selección de Sudáfrica jugó su primer partido luego del apartheid y en esta provincia se fundó la primera liga del país. España rindió homenaje al fútbol justo aquí, la ciudad más futbolera del país. Nunca mejor lugar.