El Mundial para Argentina fue intenso e inolvidable
En los siete partidos, la selección debió sufrir para luego disfrutar. Así pudo cortar la maldición de los cuartos de final, que ya llevaba 24 años. Y estuvo muy cerca de ser campeona.
¡Qué cinco semanas intensas vivió la selección argentina! Recién culminó este lunes, cuando el plantel llegó al país y recibió el cariño, el agradecimiento y la pasión de los hinchas que no fueron a Brasil. Que se quedaron en nuestro país viendo por TV la proeza de este grupo de jugadores que dejaron todo en el Mundial que los vio subcampeones.
En un torneo que para Argentina fue de menor a mayor en su rendimiento, consolidó una defensa, faltó eficacia a la hora de la definición y se rompió con el maleficio de los cuartos de final. Así, se dejó atrás 24 años sin poder estar entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo. Se jugó la final y recién se perdió faltando muy pocos minutos para llegar a los 120, y los penales.
Este equipo de Alejandro Sabella fue mutando a medida que transcurría el torneo. Comenzó de una manera y finalizó de otra bien distinta. Pasó de un sistema a otro y varió de nombres entre los titulares. Las variantes fueron obligadas por lesión o por decisiones del técnico.
Del 5-3-2 inicial frente a Bosnia, que sólo duró 45 minutos, se pasó al tradicional 4-3-3 y terminó el Mundial, por lo menos en el inicio de la final contra Alemania, con un 4-4-2 flexible. Sabella siempre buscó el equilibrio. Siempre. Y lo encontró. A tal punto que lo mejor de Argentina en el Mundial fue su defensa. Antes era lo más criticado.
Para que se valore el trabajo defensivo el DT tuvo que meter mano. Les sacó la titularidad a Federico Fernández y a Fernando Gago. En sus lugares ingresaron Martín Demichelis y Lucas Biglia. Estos dos le dieron otra solidez al equipo. El cordobés respaldó a Pablo Zabaleta y Ezequiel Garay. Biglia fue la rueda de auxilio perfecta para Javier Mascherano.
Las lesiones le fueron solucionando algunos temas al entrenador. Por ejemplo, por la salida de Sergio Agüero ingresó Ezequiel Lavezzi. "El Pocho" se sacrificó por el equipo y jugó como un volante más. Tenía la misión de ocupar espacios. Lo logró sin brillar. La otra variante obligada fue la de Enzo Pérez por Di María. El mendocino aportó más marca al medio. Por ende, más equilibrio.
Si la defensa terminó como lo mejor de Argentina y en el debe quedará el ataque. Era lo más positivo antes del Mundial. Era. Durante la fase de grupos, sólo Messi salvó la ropa. En la segunda fase, en un partido lo hizo Di María, en otro Higuaín y nada más. Quedarán en la memoria las tres ocasiones claras de gol que fallaron en la final. Primero “el Pipita”, luego “Leo” y por último Palacio. Fueron clarísimas. Mano a mano con el arquero alemán. Se lamentarán toda la vida esas malas definiciones.
Balance a favor
El saldo final fue más que favorable. Se cumplió el objetivo de superar cuartos, se llegó a la finalísima, la cual se empató 0-0 en los 90 minutos y, a poco tiempo de cumplirse los 120 tras los cuales se iba a definir por penales, apareció Götze para hacer el gol del campeonato. Se llegó demasiado lejos. Se perdió con el mejor equipo del torneo.
Además, hubo hechos extrafutbolísticos que también tocaron a la selección. Fueron cinco muertes que rozaron al equipo nacional. A unos más, a otros menos. Pero de alguna manera impactaron. A saber: la muerte de María Soledad, la hija del periodista “Tití” Fernández (los jugadores suspendieron una conferencia de prensa en honor a ella y a su padre); el fallecimiento de Jorge “Topo” López, un periodista muy cercano a Messi (hubo un minuto de silencio en otra conferencia de prensa); el deceso de Alfredo Di Stéfano (se hizo un minuto de silencio antes de empezar a jugar contra Holanda); y la caída de un viaducto muy cercano a Cidade do Galo que se cobró la vida de Hanna y Charles, dos brasileños de 25 años que pasaban de casualidad por ahí (le podría haber pasado a cualquiera).
En lo futbolístico, a Argentina no le sobró nada. Ganó todos los partidos, o los pasó (caso Holanda por penales), sufriendo. Con lo justo.
Sobre la hora y a veces de manera milagrosa (por ejemplo el palo de Suiza). A los tumbos, con mucho amor propio, con la buena mano del entrenador y algunas ráfagas de Messi (sobre todo en la primera parte del torneo) fueron suficientes para llegar a la final. No alcanzó. Alemania fue superior. Tuvo control de pelota y más resto físico, y así se quedó con toda la gloria.
Argentina se puede quedar tranquila. Sus jugadores dejaron todo. Más no podían dar. Quizá se esperó un poco más de Messi, pero no pudo más de lo que mostró. La tercera Copa del Mundo para nuestra selección estuvo al alcance de las manos. Cerca. Muy cerca. Pero se nos escapó por muy poco.
