El "Monito" Carrizo, su mamá, la bici y el sueño hecho realidad en Instituto
A los 23 años, pudo firmar su primer contrato y debutar en Instituto. Detrás hubo un gran esfuerzo: su mamá lo llevaba 30 kilómetros en el caño de la bicicleta cada día para ir a entrenar a La Agustina.
Cristian Carrizo tiene 11 años y no puede mover las piernas. No las siente. Su mamá Mercedes lo acaba de bajar del caño de la bicicleta y la práctica de su categoría en las inferiores de Instituto está por empezar. Pero Cristian no puede ni siquiera caminar. Y llora.
Ese ritual, mamá Mercedes pedaleando y Cristian sentado en el caño, se repitió por largos años. Lunes, miércoles y viernes. De barrio Ciudad de Los Niños hasta La Agustina. 15 kilómetros de ida y otros 15 de vuelta. Los Carrizo no tenían mucho pero tenían un sueño. Y por eso pedaleaban.
12 años después, la noche del 9 de noviembre de 2019 la que llora es Mercedes sentada en las tribunas del Monumental de Alta Córdoba. Y llora en serio. Ni un dique detendría esos lagrimones que son de felicidad, de lucha.

Con 23 años, su hijo Cristian debutó en la primera de Instituto. Tiene un contrato profesional hasta 2022. El sueño se cumplió. Aún cuando muchos le habían dicho que ya era muy tarde. Por eso llora Mercedes. Porque conoce como nadie el esfuerzo que hicieron. Los kilómetros pedaleando. Ella lo llevaba en esa bici a La Agustina y allí estaba cuando la práctica terminaba para volver al barrio. Y acá están ahora: llegaron.
El recuerdo
"Mi familia no estaba bien económicamente. No teníamos para ir y venir en colectivo tres veces a la semana… es la verdad. Y teníamos esa única bici que la destrozamos. Todavía el cuadro está en la casa de mi papá. El esfuerzo que hizo mi vieja por mi fue increíble. Tres veces a la semana, por años, llevándome en esa bici 30 kilómetros. Yo viajaba en el caño y llegaba con las piernas dormidas, me dolía todo. Lloraba y tenía que bajarme y entrenar... Salía y estaba la vieja ahí lista para volver. Aunque lloviera o tronara, ella estaba. Si hasta nos ha agarrado la piedra volviendo a casa una vuelta. ¿Te acordás, vieja?", dice "el Monito".
Y Mercedes lo mira a punto de llorar de nuevo. Mirá si no se va acordar, Cristian.
Los Carrizo siempre fueron una familia humilde y laburante de barrio Ciudad de Los Niños. Desde hace un tiempo, su mamá se mudó a barrio El Chingolo 3. Papá Miguel dejó la vida en el cortadero de ladrillos. Y Mercedes siempre trabajó en casas de familia. "El Monito" es el menor de cuatro hermanos: José Antonio, Luis y Eugenia.
"Todos son muy futboleros. Los Carrizo son jugadores de fútbol, aunque los hermanos de Cristian y el padre jugaban acá, en los torneos del barrio", cuenta la mamá.
"El Monito" dio sus primeros pasos en Unión Florida y a los ocho años, tras un partido contra Instituto, el DT Pablo Álvarez le puso el ojo y lo quisieron fichar. Hablaron con Mercedes tras el encuentro y lo llevaron. No eran tan difícil convencerlos: los Carrizo llevan a Instituto en el corazón.
Por algo el frente de la casa familiar está pintada de rojo y blanco, como si fuera una sede albirroja en barrio El Chingolo 3. Y si quedaban dudas, el escudo de la Gloria está en la placa que lleva la numeración del hogar: "Manzana I. Lote 25. Flia. Carrizo. Escudo de Instituto".

Pintó el amor
"Acá somos todos fanáticos de Instituto. Muy hinchas. ¿De qué otro color íbamos a pintar la casa? La pinté yo con unos amigos que me dieron una mano... Yo creo que eso ha sido un plus para mí desde inferiores. Siempre que me pongo la camiseta de la Gloria juego como un hincha. Pueden faltarme un montón de cosas. Pero las suplo con ese amor por los colores. Esto que me tocó vivir fue hermoso. Fue un sueño cumplido y fue un camino muy largo. Parecía que nunca se iba a dar, que no iba a llegar. Fue una emoción muy grande. Uno piensa tantas cosas cuando está por entrar, pero lo viví tranquilo", señala Carrizo, un volante central batallador, que también puede jugar de "4" o de "8". Donde haga falta.

La noche del debut fue perfecta. Entró ante Santamarina en el triunfo 2 a 0, por la fecha 12 de la Zona B de la Primera Nacional, y todo salió bien. Fue al piso, metió, se llevó algún aplauso de la tribuna Sucre. Con su mamá Mercedes y su novia Macarena sentaditas ahí, siguiéndolo emocionadas.
"El debut me llegó en un momento que estaba muy bien de la cabeza. Fue justo. Para muchos pudo ser tarde. Yo también quise abandonar mil veces. Pero mi vieja y mi novia me empujaron siempre a seguir. Cuando tenés 20, 21 años y no diste el salto, no tenés contrato, parece que ya fracasaste. Que el tren pasó. Pero yo seguí y seguí. Yo creo que fue porque este sueño no era mío solo. Era de nosotros", asegura "el Monito", que vive un fin de año movilizante. En marzo del 2020 será papá por primera vez.
Iba a dejar el fútbol, pero...
"Es muy loco todo. Se dio todo junto. Lo habíamos hablado con mi pareja y le dije que si tocaba esto de tener un niño yo iba a dejar el fútbol para trabajar tiempo completo y que no les faltara nada. Pero se dio que firmé contrato profesional, debuté y ahora vamos a ser papás. El bebé vendrá con el pan debajo del brazo. Las cosas llegan cuando tienen que llegar, gracias a Dios. Ahora, con esto de tener contrato, uno puede ayudar a la familia, a mi mamá. Y te da una tranquilidad, porque sabes que mañana vas a tener el plato de comida en la mesa. Algo que en mi casa no siempre estuvo seguro y hubo que salir a luchar por conseguirlo. Entonces es una satisfacción muy grande poder lograrlo", se emociona "el Monito".
Para eso, para traer el plato de comida a su casa, hubo que laburar junto a sus hermanos en una distribuidora de gaseosas. Lo hizo desde que empezó a jugar en la Primera local de Liga Cordobesa, cuando las inferiores de AFA ya se habían terminado.
Algunas lesiones inoportunas llegaron justo cuando estuvo a punto de dar el salto al plantel profesional y tuvo que ir a remarla a la local, donde suelen ir los “descartados”.
"Laburaba con mis hermanos en la distribuidora. Es un trabajo que a uno le gusta, lo disfruto porque es con ellos. Pero era muy sacrificado. Se trabaja a la madrugada cargando los camiones. Laburaba toda la noche, llegaba a casa, me daba un baño y me iba a entrenar a la mañana a La Agustina sin dormir. Muchas veces llegaba muy cansado, me dolía todo. Quise abandonar mil veces, me tiraba a la cama a llorar. Pero ahí estuvo la familia para levantarme, para que no me cayera".
Un personaje clave en su vida es César Zabala, el DT que lo contuvo en la local. Cristian era el líder y capitán de su equipo en la Liga. Y cuando la gran chance llegó para Zabala, dirigiendo el plantel profesional, confió en "el Monito" porque es de los que no te fallan.
"César es una persona muy justa, que sabe bien cuándo darte la oportunidad, porque te la ganaste. No va a quemar a un chico. Te pone cuando estás listo. En mi caso, me había dicho que me veía muy bien, que estaba entrenando a la altura, pero que la oportunidad me la tenía que ganar yo en cada práctica, cada día. Y así fue. El día que me citan para Santamarina fue una sensación hermosa. Armar la ropa, ir a la concentración, contarle a la familia. El día del partido dormí la siesta en el hotel y soñé que entraba, que debutaba. Me desperté todo transpirado, ja. Y, bueno, cuando vi que 'el Chiqui' Flores estiraba, lo miré a César y me llamó para ingresar. Entré seguro, confiado en mí. Las cosas salieron muy bien. Fue un debut redondo", dice Cristian, que sabe que esto recién comienza.
“Esto recién empieza”

"Por ahí muchos chicos tocan Primera y se creen que ya está, que ya lograrlo todo. Se relajan. Y no es así. Esto recién empieza. Lo tengo claro. Tengo que ganarme un lugar práctica a práctica. Soy un convencido que las chances no llegan, hay que ir a buscarlas. Hay un gran grupo, con líderes que son muy buena gente, que te guían. Ojalá podamos hacer una muy buena segunda rueda. A mí me costó muy mucho todo, pero eso también me hizo aprender a valorar las cosas. Soy un agradecido a Instituto por darme esta posibilidad y voy a defender la camiseta a muerte, siempre", agrega "el Monito", que jugó tres partidos: fue titular ante Gimnasia de Mendoza (derrota 2 a 1) e ingresó ante San Martín, en Tucumán (1 a 1).
"Fue bravo ese partido en Tucumán, pero yo miedo nunca sentí en una cancha de fútbol. Mirá, si me crié acá jugando en el barrio, con mis hermanos más grandes. Me han cagado a patadas de lo lindo. Si jugué acá en el barrio, puedo jugar en cualquier lado. Si tenés miedo, no podés jugar al fútbol", dice, firme.
Se empieza a hacer de noche en barrio El Chingolo 3. Unos pibes escuchan Ulises Bueno al palo y toman cerveza en la esquina. David, amigo de la vida de Cristian, corta magistralmente un salame y dice: "Sabes cómo la peleó este loco. La gente del barrio lo ama. 'El Monito' cumplió su sueño y el de todos. El día que debutó el barrio fue una fiesta".

"El Monito" Cristian Carrizo abraza a su vieja para la foto y sonríen. Los ojos de ambos se llenan, otra vez, de lágrimas. Juntos, cumplieron ese sueño que nació en una bicicleta, pedaleando tardes y tardes hacia La Agustina.
"Ahora te toca pedalear a vos solito, hijo", dice Mercedes. Cristian la mira y no hay nada más por decir. Nada.
