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El Messi que todos quieren ver y sentir

“Leo” fue el líder que Argentina necesitaba. Ante Nigeria jugó, hizo jugar, anotó, arengó y festejó. Gritó presente y ahora va por más.

27 de junio de 2018 a las 07:55 a. m.
El Messi que todos quieren ver y sentir

Dio todas las muestras que se rogaba diera. Fue el Lionel Messi que todos añoran, el que despierta devoción en el mundo, el que ayer recibió ovaciones de esas que te erizan la piel, el Messi al que todos quieren que le vaya fantástico. Ese fue el que jugó y ganó frente a Nigeria un partido determinante.

Si en San Petersburgo el que se convirtió en héroe fue Marcos Rojo, el que volvió a ser fue Lionel Messi. En un partido que Argentina lo necesitaba más que nunca, “Leo” jugó, hizo jugar, marcó, metió un tiro libre en el palo, lideró, se hizo cargo, festejó a rabiar su gol y el de Rojo. Y se fue feliz.

Y mire si hay imágenes para elegir de Messi ayer. Puede ser su dominio de la pelota antes de su gol, puede ser su gol, pueden ser esos brazos abiertos dispuestos a envolver a todos, puede ser el tiro libre exquisito que dio en el palo, puede ser su búsqueda cuando el 1-1 parecía inamovible, puede ser la forma en que se abalanzó sobre Rojo después del gol decisivo o pueden ser los interminables abrazos del final.

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Sin embargo, esa de él arengando a sus compañeros antes de entrar al segundo tiempo describe la trascendencia que este partido significaba para él y para un grupo que venía golpeado, pero que tiene un líder futbolístico como él acompañado por un líder mental como Javier Mascherano. Ambos merecían tener una nueva oportunidad de seguir peleando, aunque los dos sepan bien claro de las falencias estructurales que arrastra esta Argentina en Rusia 2018, que viene de largo tiempo y se profundizaron en esta competencia.

Pero de lo que también saben estos muchachos es de la dignidad y de que no se iban a dejar pisotear así nomás, que iban a intentar levantar la bandera de la lucha, al menos para que nadie pudiera decir que no habían dejado todo. Y ayer Argentina puso todo, más allá de que en el primer tiempo las cosas le salieron muy bien y se destacó por su intento de jugar y, en el segundo, poco fue como entonces y debió sufrir hasta el derechazo salvador de Rojo.

Messi, la bandera

En San Petersburgo el solazo denotaba una mañana acorde a esta ciudad espectacular y siete muchachos, todos vestidos con la camiseta negra alternativa de Argentina con el “10 y Messi”, pero con muy poco aspecto de argentinos, se sacaban fotos y más fotos. Cuando Mundo D se acercó a preguntarles de dónde eran y por qué Messi, la respuesta fue al unísono: “somos de India, de Bombay, y vamos por Messi porque es el mejor, lejos”. Un poco más allá, en el enésimo grupo de chinos, la “10” de Messi es moda. Y en las eternas filas para entrar al Museo Hermitage, ocho de cada 10 camisetas argentinas tienen el “10” en el espalda con el “Messi” arriba.

“Vení vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de ‘Leo’ Messi, todos la vuelta vamos a dar”, es uno de los hits en este verano ruso. Lo cantan los argentinos en los subtes, en los estadios, en las plazas; pero lo disfrutan todos. La gente, los rusos y aquellos que no hablan español escuchan Messi y los ojos se les encienden, saben de qué y de quién se trata.

Por las dudas, ayer recibieron una confirmación. La ovación que le dedicaron los más de 30 mil hinchas a “Leo” cuando dieron la formación de Argentina fue emocionante, y resaltó más cuando al ratito “la voz del estadio” nombró a Jorge Sampaoli y la silbatina fue ensordecedora. Fue una sentencia, fue dejarle claro al DT que si había un tironeo entre jugadores y técnico, que ya supiera él de qué lado estaban los fanáticos.

A toda esa admiración y a esa devoción, Messi les dio un regalo, una ofrenda de fútbol. Al “10” le faltaron un par de puntos para jugar para “10”, pero apareció cuando su equipo y sus compañeros más lo necesitaban para liderar la salvación. Lo hizo con el gol a los 15 minutos, un poema con prólogo escrito por Banega, con su participación activa en el circuito de ataque, con ese pase delicioso que dejo solo a igual, con ese tiro libre que se clavó como una puñalada en un palo y con su entrega del final, cuando las cosas estaban 1-1 para pedirla aunque al equipo el juego no le fluía o en los últimos minutos para pelear dientes apretados como si fuera Mascherano.

Después, después hubo tiempo para desatar el festejo interminable con sabor a desahogo y con la seguridad de saber que había gritado presente, en su selección y en el Mundial, pero, lo más importante, que había podido ser el Messi que seguro él más quiere. Y lo hizo en el momento oportuno, para comandar a su Argentina a los octavos de final.

La cobertura de Mundo D

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