El Malondón: “El Picante” Pereyra es una excepción
Siempre sostuve que a los goles hay que gritarlos, gozarlos, disfrutarlos. Hay que revolear la camiseta y subirse al alambrado para festejarlo con los hinchas (aunque en este país esos festejos son castigados con amarilla).
En una oportunidad, en esta columna, escribí: “El gol, estimado ‘Mati’, es el momento sublime de un jugador, es un instante orgásmico. Es el paso del caos al cosmos...”
Fue cuando Matías Giménez le hizo uno a Boca con la camiseta celeste y no lo festejó. Me indigné en aquella oportunidad. Fue hace seis meses, en el Kempes.
Más acá en el tiempo, el domingo pasado, César Pereyra hizo el gol del triunfo Pirata ante Unión y no lo festejó... ni siquiera levantó el brazo.
Nada de nada. Convirtió y se quedó estático. Luego le pidió perdón a la hinchada tatengue.
Una macana, porque hubiera estado bueno que saliera corriendo y lo compartiera con su propia hinchada... pero qué quiere que le diga, a los jugadores que van adquiriendo características de familiares íntimos se les perdona todo... Y “el Picante” va camino ser uno de esos seres entrañables para el hincha celeste.
Entonces, bien... que un jugador no les grite goles a sus ex me indigna, aunque siempre habrá excepciones a las reglas. César Pereyra es la excepción.