El interior cordobés tuvo festejos contenidos
Villa General Belgrano, el pueblo “más alemán”, también celebró en celeste y blanco.
En las principales ciudades del interior cordobés también quedó algún lugar para festejar el subcampeonato logrado por Argentina. Pero fue claro que esa celebración, al menos en cuanto a meter ruido y exteriorizar algarabía en las calles, quedó más bien en manos de niños y adolescentes.
La impresión es que entre quienes ya festejaron alguna copa mundial y atesoran ese recuerdo, la satisfacción no alcanzaba, al menos anoche, para grandes demostraciones.
De todos modos, y aunque con menor masividad que tras el desenlace frente a Holanda, en cada centro de ciudad cordobesa hubo anoche celebración en celeste y blanco.
Incluso hubo festejos callejeros con esos colores en Villa General Belgrano, la "más alemana" de las localidades cordobesas. En las calles de este pueblo serrano, fundado por inmigrantes germanos, no se vio una sola exteriorización con la bandera en negro, amarillo y rojo.
Para quienes habitan este pueblo, de ocho mil habitantes, no es una sorpresa: los alemanes son ya muy pocos, sus descendientes hace rato que son argentinos y sus festejos son los de cualquier otra localidad similar del país. El que preparó la cámara para algo distinto, no pudo dar con nada de eso.
Recorrida
En Río Cuarto, la mayor ciudad del interior, los primeros minutos tras el pitazo final dejaron un silenció que se hacía sentir en el centro. Caras largas, banderas caídas, hasta que un grupo de jóvenes empezó a meter ruido, y otros siguieron, y se armó una movida con miles de vecinos cantando otra vez por la Selección, con la Plaza Roca como epicentro.

Villa María había armado su Anfiteatro Municipal con pantalla gigante para la fiesta. Lo fue, repleto, hasta ese gol que quebraba el sueño. Luego, cuando parecía que casi nadie celebraría, también se armó una ruidosa marcha alrededor de la Plaza Centenario.
En San Francisco el centro se transformó ayer en un desierto sin almas desde la siesta. Pero cuando terminó el partido, unas 1.500 personas se congregaron frente al Centro Cívico y cantaron entre banderas y gorros argentinos. La mayoría eran niños y adolescentes, mientras los más grandes se quedaban al costado y no alcanzaban a contagiarse.
Un cuadro similar pintaron en Jesús María, con unos mil vecinos en la calle, y en la ciudad de Alta Gracia, con una movida parecida.
En Río Tercero, una pantalla gigante en una esquina era el epicentro del festejo soñado. Al final, lo hubo, por el entusiasmo de los más jóvenes.
Un grupito, mientras cantaba “El que no salta es de Brasil” quemaba una bandera de ese país, más como parte del juego que como provocación. Alguna caravana con bocinazos también se dejó escuchar, aunque en evidente menor dimensión que tras el triunfo ante los holandeses.
Carlos Paz, en tanto, tuvo su peatonal cortada ante la presencia numerosa de grupos de jóvenes y familias que celebraban tras el partido, y alguna caravana de vehículos no muy nutrida también se hizo sentir.
Las Sierras, ayer, no dejaron ver turistas: los que había estaban frente a algún televisor.