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El fútbol y sus fronteras a la cordobesa

El periodista Fernando Movalli, de Villa María, escribió una columna en relación a la disputa entre Córdoba y el Interior, fogoneada a partir del fútbol.

21 de marzo de 2013 a las 09:52 p. m.
Fernado Movalli (especial para Mundo D)
El fútbol y sus fronteras a la cordobesa
El fútbol y sus fronteras a la cordobesa.

A partir de la pobre actuación del árbitro Juan Bruno en el partido que finalmente Talleres le ganó a Sportivo Belgrano por 2 a 1, el periodista de Las Varillas Fernando Movalli nos envió una nota de su autoría sobre las disputas que existen entre Córdoba Capital y el Interior.

Su intención es compartir, desde el periodismo del interior cordobés, una visión diferente de los hechos ocurridos en el Kempes.

Varios días después, para muchos la bronca e impotencia aún no pueden mutar a la resignación. Fácil de percibir si se camina por San Francisco o los tantos bares de pueblos aledaños. Esos mismos que, no por casualidad, por allí se identifican más con sus vecinos santafesinos que con el propio perímetro de su provincia.

Y por ello, qué difícil resulta el poder desligar el natural impacto social de cualquier vergüenza deportiva que lo genere. Así se trate de fútbol, un deporte llevado al máximo de dramatismo en nuestro país, muy a pesar de cualquier situación banal que lo decore. Como aquel lastimoso Sportivo Belgrano–Talleres, uno más de tantos claro, para el viejo arcón de los recuerdos. De la mano de un Juez que mansillo su investidura y honor de manera descarada y ante los ojos de miles de testigos. Inclinando hasta graciosamente la cancha para recaer en un final tan bochornoso como previsible a favor del club capitalino. Comprobado incluso en las no expulsiones de jugadores verdes que, sacados de quicio, debieron irse a las duchas de aplicarse el reglamento. Ello claro, desde la autoridad de alguien que no tuviese aquella “cola sucia” como la del hombre de negro bonaerense.

Cómo no repudiar la cobardía de quiénes benefician a los poderosos en desmedro de los más débiles y su permanente sacrificio. Débiles de carne y hueso en la imagen de jugadores, dirigentes, hinchas y pueblo todo a quiénes laceran en sus derechos, economías e ilusiones hoy maltrechas. Lastimando externa e internamente a una dirigencia que tuvo la valentía de jugarse por el mal menor y mostrarlo de antemano.

Y me pregunto como en otras ocasiones, cual será por estas horas el tenor del sentimiento de este personaje arbitral, con un nombre y apellido para recordar. En aras de creer e imaginar que alguna vez el fútbol volverá a ser un juego justo.

Qué pensara por estas horas de fría reflexión Don Juan Bruno cuando mire a su familia y reconozca para sus adentros esa humillante demostración sin dudas premeditada. Porque de ello se trató aquel choque clásico entre Verdes y Albiazules en todo su desarrollo, más allá de ese final digno de las peores manchas para un espectáculo deportivo. Reconocido en parte por la propia prensa capitalina y ese encoger de hombros de los simpatizantes y dirigentes tallarines. Ese …. “Yo no fui, pero mal no me vino” de la patética última imagen de un final imposible de olvidar.

Otra mancha más en esta interminable vergüenza de la historia para fundamentar aquella vieja sospecha del sanfrancisqueño y su región para con sus pares cordobeses. Para desempolvar aquello de “Los porteños de nuestra propia provincia” y a quienes poco o nada les importa su interior. Una pena que no merecía el espectáculo y, entre otros, el mismísimo gobernador De la Sota que hizo todo lo que tuvo a su alcance para evitar probables divisiones

Qué difícil desligar esta injusticia, una más, de su correlato social enquistado en el lacerante infortunio del atropello. Comprobado en las lágrimas de bronca e impotencia de pibes y veteranos abandonando el estadio mundialista con su casaca verde. Esa que la historia se ensaña en seguir maltratando y, o casualidad, siempre de la mano de algún color capitalino. Especialmente la del club de barrio Jardín que flaco favor le hace a las gloriosas páginas de su historia. Festejando un logro ajeno de merecimientos y salpicado a todas luces de evidente impunidad

Aunque claro, como imaginar que en un país que brilla por la ausencia de su decencia, el fútbol debería precisamente transitar un camino diferente. Un imposible a todas luces que tira por la borda el esfuerzo y dedicación de tanta gente honesta hoy abatida por la impotencia. Esa gente que algún día reducirá el límite de su paciencia hartos ya de poner tantas mejillas abofeteadas.

Qué pena, una vez más, por Sportivo, sus seguidores y aquella previa sospecha arbitral que luego la realidad se encargó de comprobar.

Qué pena por la maltrecha dignidad deportiva ante los ojos de todo un país que respira este bonito deporte patrón, hoy castigado por circunstancias más ligadas a los escritorios que al propio campo de juego. En desmedro del esfuerzo ajeno que casi siempre viste la pilcha del más humilde.

Qué pena también por un Talleres demasiado importante y de algún modo salpicado por las sospechas que viajaron a lo largo y ancho del país. Qué pena por la duda en la credibilidad periodística de algunos enfoques parciales desde Córdoba capital. Los mismos que, de haber sido al revés, aún regarían de esquirlas localistas sus espacios.

Qué pena, en última instancia, que en el país del propio Papa el atropello haya vuelto a ganar su batalla y reafirme aquel insistente sentimiento de transitar a través del fútbol otra frontera a la cordobesa.

Por supuesto, cualquier periodista de Córdoba y el país tiene la puerta abierta en Mundo D para publicar su opinón