El fútbol argentino goza de otra oportunidad
A finales de los ’80, comienzos de los ’90, la Serie A Italiana marcaba un rumbo en el fútbol a partir de la puesta en escena de su Liga, el nivel de gran parte de los espectáculos que proponía, la cantidad de figuras de primerísimo nivel mundial que jugaban en su campeonato (entre ellos Diego Maradona), el protagonismo internacional de sus clubes y equipos que hicieron historia (como el Milan de Arrigo Sacchi, por ejemplo). Además, los italianos eran unos adelantados respecto a otras cuestiones como las relacionadas a las obligaciones de los futbolistas y su imagen o la difusión del fútbol en los medios.
Aquella época de esplendor parece la prehistoria comparada con lo que pasó la semana pasada, cuando Italia sufrió una de las humillaciones más grandes de la historia de su fútbol al perder con Suecia el repechaje rumbo al Mundial de Rusia 2018, que deberá ver por TV. Por primera vez en 60 años, no va a una Copa del Mundo.
Nada de lo que está sufriendo el fútbol italiano es casualidad y el proceso que llevó a esta frustración debiera mirarse con atención en otras latitudes, por ejemplo, la nuestra. En las temporadas 2004-2005 y 2005-2006 el denominado “calciopoli” –un escándalo de arreglo de partidos que terminó entre otras cosas con la Juventus descendida y dirigentes suspendidos– hizo hablar al planeta y, aunque Italia luego ganó el Mundial de Alemania 2006, marcó el inicio de la debacle. Después, una selección con demasiados nacionalizados, falta de recambio de jugadores y de estabilidad de DT y la no renovación de infraestructura, entre tantas cosas, desembocaron en la eliminación en primera ronda de los mundiales de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 y, ahora, en este fracaso.
El fútbol argentino no puede hacerse el distraído porque en los últimos tiempos ha padecido males similares: corrupción, dirigentes impresentables, desorganización, vaivenes técnicos en la selección, clubes quebrados, juveniles detonadas, violencia... Si Messi no hubiera salvado al seleccionado en Ecuador aún estaríamos enumerando las razones de una decepción igual a la italiana. Pero a Argentina la pelota le dio otra chance, que debe capitalizar para que no sea la última. Por eso es hora de que las instituciones se hagan fuertes y de que, en serio, se trabaje con profesionalismo en planificaciones a largo plazo.