El día que Bielsa se tomó revancha
Chile perdió, pero se clasificó a octavos. Cayó 2 a 1 ante España y quedó segundo del Grupo H. Pero el pase a la siguiente fase generó una alegría que se mezcló con los recuerdos del terremoto y el Mundial de 2002.
Pretoria. Hubo camisetas argentinas en el estadio Loftus,varias banderas celestes y blancas, varias sonrisas al final del partido. Anoche hubo corazón sudamericano en una rara mezcla de respeto por Marcelo Bielsa, solidaridad con aquellos que sufrieron el terremoto de febrero, y aversión hacia España. Todo un cóctel que sólo puede darse en un Mundial.
Y respiró Bielsa y muchos respiraron con él. Por el alivio que significó pasar a octavos y porque Chile tuvo su alegría grande después de tanta tragedia. "Esto es muy importante para todos, para poder sentirnos felices después de tanto sufrimiento". Lo decía Angélica Elgueda, una chilena experta en marketing, que viajó desde Santiago sólo para ver el Mundial.
Lloraba. Vestida de Chile, con una bandera en su mano, dejaba la cancha donde su equipo acababa de perder con España. Pero lloraba emocionada, con alegría de fútbol. Y sostenía fuerte una cartulina que decía "'La Roja' es más fuerte que el 8.8".
Muchos, como ella, lloraron anoche. Salían del estadio sabiendo que esa sensación se extendía por todo su país, al sur de América. No es un Mundial cualquiera este que vive Chile. La tragedia está presente cerca de cada hincha y de cada jugador.
Como homenaje a las víctimas y como símbolo de la voluntad, en Ingwenyama, donde concentra la selección trasandina, un símbolo guía al plantel. El 27 de febrero, después del terremoto que destruyó gran parte del país, un hombre rescató de los escombros una bandera de Chile.
Destrozada, llena de barro, la imagen del pabellón en sus manos se convirtió en la síntesis del espíritu de renacimiento. Y aquella tela fue a parar a la concentración donde la izaron carabineros. Desde ese momento, vigila a los muchachos de Bielsa.
MovilizadosEse espíritu guía a los chilenos. Pero también el pensamiento del DT argentino, que le ha dado una personalidad aguerrida a un equipo que juega mucho más de lo que podría.
Se nota en la gente, en sus caras. Están movilizados y son muchos (unos 15 mil anoche en el Loftus). Y están seducidos por Bielsa y su particular manera de ser. La prensa lo persigue, busca su foto; pero él, nada. Un día, el argentino quiso salir a dar una vuelta por las calles de Nelspruit y duró... ¡cinco minutos!
Fue el 18 de junio. Una caravana de autos de prensa comenzó a seguir su auto (él iba con su chofer). Bielsa y sus acompañantes hicieron un par de kilómetros, llegaron a una venta de autos, entraron, dieron la vuelta y volvieron. De nuevo al Ingwenyama resort, el lugar de donde no se movió más.
Dicen que cada vez está más “loco”, que al jefe de prensa todas las indicaciones se las da el “Profe” Bonini, que por las noches sale a caminar y habla en voz alta, debatiendo consigo mismo. Que ya no tiene cura.
Que lo digan sus 90 minutos ante España. Verlo como una fiera encerrada en el corralito (porque no sale de ahí, obsesivo como es) generaba una corriente de afecto imposible de disimular. Sus gestos eran reproducidos en las dos pantallas gigantes del Loftus. Resoplaba, miraba hacia el piso y gritaba. "Ponce, Ponce, tranquilo", le pedía a uno de sus defensores cuando Chile era una ensalada de nervios.
Hasta que el partido terminó el cuerpo del DT repitió los movimientos mecánicos de toda la vida. Pasos cortos de un lado hacia el otro, cuclillas, volver al banco, cruzar las piernas. Una orquesta desafinada de tics.
Sin cicatrizarAl fin lo consiguió. Pasó a octavos de final y pudo dar el paso que no logró en Japón con Argentina. La clasificación de hoy, ¿cerró aquella herida de la eliminación de ayer?, le preguntaron en la conferencia de prensa. "Son cosas distintas. Aquella situación no cicatriza con ninguna performance posterior", dijo.
Tema aparte. A su gente, loca como él, eso no le importa. A sus hinchas les quedó el corazón caliente por el paso a octavos. Festejó la clasificación con su canto de guerra. El “Chi, chi, chi, le, le, le...”. Algo que Marcelo ni siquiera escuchó porque se había metido rápido en el vestuario.
España había pasado la prueba (por cierto, los argentinos gritaron por los chilenos) y Chile había mostrado gruesos errores en cancha. Pero era historia.
En las bandejas altas del estadio, en Pretoria, todavía quedaban algunas banderas argentinas. También muchas de Chile. Hubo empatía entre los "enemigos" futbolísticos. Había una energía positiva que corría por el parque de Loftus. "Ustedes sintieron el terremoto como nosotros. Y sabemos que estuvieron con nosotros esta noche". Angélica lo resumía mejor que nadie.

