Temas del día:

El clásico Talleres-Racing, de ráfaga en ráfaga

De ida y vuelta. Talleres pasó de vendaval a brisa y Racing de viento suave a tornado. El que pegó último, pegó mejor y armó su fiesta.

03 de diciembre de 2010 a las 03:10 p. m.
El clásico Talleres-Racing, de ráfaga en ráfaga

Talleres arrancó el clásico de una manera explosiva. Puso rápidamente proa al arco de Sanzotti y apenas con 42 segundos en el reloj abrió el marcador a través de Agustín Díaz, como consecuencia de una gran jugada individual del por entonces iluminado Claudio Riaño, quien arrancó a pura potencia, encaró por el costado izquierdo de la defensa de Racing, llegó al fondo del área, pateó al arco, rebotó en un defensor de Racing y la pelota encontró entre un borbollón de piernas a Díaz para facturar.

El tempranero gol albiazul anestesió a Racing, quien se quedó sin reacción, sin juego, sin ideas ante la prepotencia de Talleres. El equipo albiazul jugaba en la corta, a dos o tres toques y con un ritmo vertiginoso y Racing no daba respuestas. A los 14 minutos, con un cabezazo de Ribonetto que se fue apenas afuera, la "T" pudo marcar el segundo pero, después de esa jugada el local comenzó a desacelerarse y le permitió a un Racing desconcertado tomarse un respiro y tratar de acomodarse mejor en el campo de juego.

Talleres seguía teniendo el balón y amagaba con liquidar la puja, pero los minutos fueron pasando y no marcaba el segundo. Aquel dominio del clima del partido y el sentido de la oportunidad que mostró en los primeros minutos no se repetía y el equipo de Arzubialde pareció confiarse demasiado, como si el triunfo no pudiera escapársele. Inclusive, a los 33 minutos, otra vez Riaño hizo una corrida de 30 metros, dejó al borde del ridículo a Lazzaroni y Pugliese y su remate no terminó convirtiéndose en gol por centímetros.

Frente a un Racing caóticamente distribuido en la cancha y sin reacción aparente, Talleres se fue al descanso con un triunfo mínimo en lo numérico, justificado por la superioridad que marcó, pero que dejaba con vida a la Academia.

La mano de BonettoEl secreto del vestuario, que Marcelo Bonetto suele resguardar a pie firme, tendrá la respuesta respecto de lo que hizo el DT albiceleste en el entretiempo, para que su equipo tuviera un cambio tan profundo como el que exhibió. Racing salió a enfrentar el complemento con la convicción y determinación que no tuvo antes. Seguramente tocó el alma de sus jugadores con algún discurso motivador, además de acertar con los ingresos de Rubén Molina por Ochoa y Javier Liendo por Valero. Uno le dio más llegada por la banda derecha y el otro le agregó juego a la media cancha académica.

Por el contrario, el ingreso de Cosaro por Díaz (se lesionó) para cerrar la defensa con un 4-4-2 no surtió el efecto que imaginó Arzubialde y que frente a Estudiantes de Río Cuarto funcionó. Lo mismo sucedió con el ingreso de Solferino por Sacripanti, quien volvió a lucir peleado con el arco.

Así, a los 5 y a los 6 minutos, Racing estuvo a punto de igualar a través de dos remates de Artura: uno se fue apenas arriba del horizontal de Crivelli y el otro fue salvado por Gianunzio.

Fueron los anuncios de lo que vendría, cuando en una ráfaga de cuatro minutos, a los 34 y 38 minutos, la Academia igualó y pasó a ganar el clásico. El primero lo marcó Rivero, tras un córner de Liendo que corrigió Funes, y el segundo por una escapada y posterior centro de Garnier, que Olivera mandó a la red.

Fue el premio para un equipo que no se dio por vencido cuando parecía estarlo y castigo para otro, con un poderío de gol letal, pero que el jueves le perdonó la vida a su rival y terminó pagándolo muy caro.