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El abismo después de Maradona

No hay un "candidato del pueblo" que parezca reunir las condiciones para ser el sucesor de Diego en la selección. Por Enrique Vivanco.

27 de julio de 2010 a las 03:10 p. m.
Enrique Vivanco
El abismo después de Maradona

A nuestros primos, los brasileños, no les tembló el pulso ni les dio vergüenza designar a un argentino, en este caso a un cordobés, Rubén Magnano, como director técnico de la selección de básquetbol. Luis Muchaga, entrenador de Argentina cuando ganó la medalla de bronce en Seúl \'88, es el secretario técnico de la Real Federación Española de Vóleibol, cuyo seleccionado es dirigido a su vez por otro argentino, Julio Velasco. Hablamos del país número uno en logros deportivos en los últimos tiempos en algunas de las disciplinas más populares.

Nuestros entrenadores son muy valorados en el extranjero: Marcelo Bielsa es aceptado sin condiciones en Chile; a Gerardo Martino le sucede algo similar en Paraguay, Daniel Passarella condujo a Uruguay y ni hablar de entrenadores en clubes: Jorge Valdano dirigió a Real Madrid, Carlos Bianchi a la Roma y a Atlético Madrid, el mismo Passarella al Corinthians y decenas más han liderado equipos en toda Latinoamérica y en todo el mundo.

Antes que Magnano, el básquetbol argentino había aportado la presencia de Guillermo Vecchio en México y Venezuela.

La elasticidad de ejemplos hasta nos puede llevar a Amílcar Brusa, preparador de Carlos Monzón, que una vez instalado en Estados Unidos siguió promoviendo campeones mundiales.

A los entrenadores argentinos se los respeta por sus conocimientos específicos y por su personalidad como líderes. Son ganadores y manejan bien sus grupos. Por eso son elegidos en el extranjero. Y también porque hay un implícito reconocimiento en esos países de vacíos de formación o de capacidad en sus filas propias. Además de la ausencia de cualquier prejuicio que afecte su orgullo nacional. Un dato no menor.

En estas horas se está definiendo la continuidad de Diego Maradona, suerte que está casi sellada.

"Si le renovamos el contrato a (Marcelo) Bielsa después de no pasar la primera ronda (en Corea-Japón 2002), cómo no le vamos a renovar a Diego", dijo Humbertito Grondona, hijo de Julio. Desde ese punto de vista, no hay objeciones y si se produce, guarda coherencia. Su papá lo había salvado a Carlos Bilardo de la hoguera radical en 1986, siendo uno de sus logros dirigenciales más importantes.

Casi todos...A Maradona casi todo el mundo del fútbol lo apoyaba. Unos (da la impresión que muy pocos) por convicción, pero otros porque sus aportes encuadran dentro de lo políticamente correcto. Nadie lo enfrenta a Maradona. Nadie le cuestiona su idoneidad. Nadie quiere ir en contra del apoyo al ídolo de una tribuna que lo evalúa por lo realizado hace 24 años y en una función mágica y extraordinaria, y no porque en estos últimos meses haya dirigido y armado un cuerpo ordenado y virtuoso, más allá de cualquier resultado.

Ése es el debate que el argentino se debe ante un inusual vacío de alternativas, que ante la ya vieja automarginación de Carlos Bianchi, sólo contemplan como trascendidos a Diego Simeone, Alejandro Sabella, Miguel Ángel Russo o a Sergio Batista en un interinato.

No hay un candidato del pueblo; ni siquiera alguien que vaya más allá de una tibia aceptación. El abismo después de Maradona parece enorme.

Y no porque realmente exista. Es la muy fuerte imagen de Diego compuesta por la gente la que debilita opciones. Y si eso ocurre con los nombres que nos representan por apellido, raíz y sangre, habrá qué calcular lo que podría ocurrir si en la baraja aparece algún nombre con aroma a samba o es traído por alguna corriente marítima desde el continente en el que se inventó el fútbol.