Durban, una excursión a la gloria
El Moses Mabhida está enclavado en Durban. Es, tal vez, uno de los escenarios más lindos de la Copa del Mundo. Allí España logró doblegar a Alemania y sacó boleto para jugar su primera final del mundo.
Durban. "Manual para el viajero". Al librito, pequeño y con título en español, lo vendía un africano negro al lado de la cabina del penúltimo peaje de los cinco que hay en la autopista que une Johannesburgo con Durban.
Es imposible saber cuáles eran los consejos, pero seguro no figuraba aquel de que en pleno viaje no hay que asustarse ante la aparición, sorpresiva, de alguno de los policías que integran los al menos 10 controles de velocidad que hay en esa ruta. Los muchachos, vestidos de color marrón claro y radar en mano, se camuflaban entre los arbustos que están en el ancho cantero central de la autopista. De repente, saltaban al cemento y a puras señas y gritos intentaban hacer parar a autos que excedían los 130 kilómetros por hora.
Su aparición se parecía mucho a esos muñecos que ponen en los trenes fantasmas y que se asoman en movimientos frenéticos. El temor no sólo pasaba por saber cómo detener el vehículo en menos de 10 metros sin morir en el intento, sino también en el hecho de pensar cómo podían reaccionar los agentes ante la supuesta infracción.
Por fortuna, sólo por eso, el dedo inquisidor no señaló la máquina donde se trasladaba el enviado de Mundo D, sino que hizo detener a una impecable camioneta blanca que viajaba unos kilómetros más rápido y ocupaba el carril interno de la vía. Unos 20 minutos antes, en otro control, les tocó a tres lujosos y flamantes autos que volaban sin patente rumbo a la costa.
Para viajar desde la mediterránea Pretoria a la marítima Durban hay que recorrer unos 630 kilómetros. Primero hay que llegar casi hasta Johannesburgo para después sí agarrar la autopista N3, que viaja derecho hasta el océano Índico con una atrapante variedad de paisajes, climas y vivencias.
Ayer, la primera de ella fue soportar un increíble embotellamiento, que obligó a recorrer 40 kilómetros de Pretoria a Johannesburgo en lo que dura un partido de fútbol: ¡90 minutos! Con esa marca, todas las estimaciones del tiempo total de viaje se fueron al diablo. Después, comenzó la sucesión de colores, topografía y también climas, porque la temperatura varió entre los 20 grados a la salida y a la llegada hasta los 10 que había en la montaña a mitad de camino.
La primera parte alternaba amarillos con grises de llanuras con mucho pasto quemado, algunos con fuego controlado (como los de las manchas negras pequeñas del costado de la ruta) y otros no tanto (grandes superficies en medio del campo). A esa pampa seca por el invierno le siguió un paisaje similar al interior de la provincia de Buenos Aires en cercanías de Tandil o Balcarce. Largas y suaves subidas y bajadas, evolucionando entre praderas hasta entrar en un entorno similar al de algunas partes del valle de Calamuchita.
El ascenso era paulatino pero firme, hasta llegar a una zona de montañas de una belleza indescriptible y más verde, previo al descenso vertiginoso hacia Durban. Tan insinuante es la bajada que hay que controlar el pie para no terminar como un VW que protagonizó un terrible accidente con dos camiones, que dejó al auto cubiertas para arriba y con el motor a 20 metros y a uno de los armatostes metido en un bosque. Tras la impresión, a los pocos kilómetros apareció Durban, que está en la provincia de KwaZulu-Natal, la tercera ciudad sudafricana, detrás de Johannesburgo y Ciudad del Cabo, y tiene el puerto más grande de África.
En una ciudad desbordada por ansiosos españoles y alemanes, encontrar lugar en un hotel, aunque fuera sin estilo y menos estrellas, pareció una bendición. Sólo hubo tiempo de ir al estadio Moses Mabhida (fallecido líder del Partido Comunista Sudafricano), uno de los escenarios más lindos del Mundial, que está enclavado a metros del mar y pegado a otro estadio enorme, el King Park de los Skarks, la selección de rugby de Natal, una de las más fuertes de la tierra de los campeones del mundo en ese deporte.
La larga excursión tendría su recompensa en una semifinal entre España y Alemania que será recordada por su fútbol bien jugado y porque a los españoles les significó un pasaje a la gloria.

