Dos Instituto en uno en el empate con All Boys
Generó como para golear al Albo de Floresta y sólo pudo llegar al 1-1, tras salir dormido.
Instituto tiene esa doble vida. La que le imprime a su acto ofensivo, de la mano de Damián Arce, es la mejor. Cuando aparece su botín zurdo, la Gloria es capaz de voltear a la mejor defensa y lo acerca a los objetivos de juego que busca su DT César Zabala y a la ilusión de dejar la segunda categoría del fútbol argentino que tiene desde el primero hasta el último de los habitantes del Mundo Instituto.
La vida que le da su acto defensivo es la que lo hace dudar. Es la que le ofrece a rivales mínimos como All Boys los elementos para amargarlo lo suficiente como para llegar a un empate que debió ser victoria para Instituto.
No hay dudas de que el 1-1 ante el Albo le quedó chico al partido, pero Instituto no pudo demostrarlo más que en el terreno de los méritos y los supuestos. Y es lo mismo que le ocurrió ante Defensores de Belgrano, Quilmes y Atlético de Rafaela con el valor agregado de que el domingo tampoco estuvo efectivo ya que generó mucho y convirtió muy poco. Así ocurrió en Alta Córdoba.

Ese desequilibrio entre esos actos principales es lo que alejó a Instituto de los tres triunfos consecutivos y nada hacía presagiarlo. Y fue lo que le impidió acercarse a los líderes de la Zona B Sarmiento y San Martín (T).
La cuestión táctica
Está claro que Instituto pretende ser un equipo de ataque, pero aún no cuenta con el respaldo defensivo suficiente como para serlo. Resulta inadmisible que en el primer tiro al arco, el rival se pueda poner en ventaja.
Es la forma más que la conversión. No es la primera vez que Instituto se equivoca en su salida y justamente lo hizo cuando había un delantero como Facundo Parra, sin el físico de antes pero con la inteligencia que lo hizo goleador. El delantero tenía un solo lugar para patear y era al palo del arquero.
Lautaro Petrucchi no pudo evitarlo e Instituto arrancó perdiendo ante un rival muy básico. Que no atacó nunca y se sabía que no lo haría. “Nos duele porque queríamos que la gente se vaya con una alegría a sus casas. Había que tener paciencia y esperar, porque se metieron atrás”, dijo César Zabala.
El dolor es de la gente, la preocupación deber ser suya, porque se trata de alguien autocrítico. Ayer fue el error en la salida, en Rafaela fueron las pelotas paradas, ante Quilmes falló Salort. Ese era el riesgo e Instituto, le llegó la hora de pagarlo.
Es hora de análisis en Instituto. Por la respuesta futbolística más que los resultados. ¿Querer es poder? ¿Es una cuestión de trabajo, de recurso humano, quizás de los rivales? ¿Qué alternativa hay? ¿Una más austera, quizás no tan generosa y más práctica?
Hasta ahora, la clase de Arce, la jerarquía de Facundo Erpen y de Juan Sills más la esperanza de Mateo Bajamich eran y son las certezas que impulsaron a Zabala a confiar en la idea de un Instituto agresivo, punzante. La ineficacia de ayer era un déficit inesperado para un equipo cuyo poder de gol podía disimular sus limitaciones.
