Diario de viaje: San Petersburgo es pura atracción
La Perla del Báltico o la Venecia del Norte describe a la perfección la segunda ciudad de Rusia, con cinco millones de habitantes.
La Perla del Báltico describe a la perfección lo que es San Petersburgo, pero también le calza justo la Venecia del Norte, como también se la conoce.
"Te va a encantar", nos decía en inglés Anastasia, una joven que reparte sus días entre Moscú (donde trabaja) y esta su ciudad natal, quien llegaba en el tren desde la capital rusa y, como viene sucediendo desde que arribamos al Mundial, fue solidaria para llegar más rápido al hotel.
San Petersburgo, la segunda ciudad rusa con cinco millones de habitantes, tiene otro ritmo que Moscú, no sólo por la cantidad de gente, sino también por las características de sus habitantes.

"En Moscú es todo ya, ya, ya, acá te dicen ahora y quizá lo hagas la semana que viene. Siempre es más lento, todo más despacio", explica Anastasia.
Para viajar de Moscú a San Petersburgo en tren hay dos opciones bien diferentes. Una es el tren rápido que demora unas tres horas y media y, otra, uno que tarda poco menos de nueve, que si uno lo hace de noche es excelente porque se duerme perfecto en unos camarotes impecables.
Casi que hay que decir que fue la mejor noche que dormimos desde que llegamos a Rusia. Tranquilidad total, silencio, confort y oscuridad, que es algo difícil de encontrar en el verano ruso y en especial acá en el norte del país donde casi no se hace de noche.
A una mañana fresca y húmeda le siguió el sol justo para disfrutar las maravillas que hay en esta ciudad, que te obliga a caminar con todos los sentidos alertas porque para donde mires hay un monumento, un edificio, un puente o un parque imperdible.

Lo de la Venecia del Norte se lo tiene ganado por los canales de agua que la atraviesan como venas abiertas, que le dan amplitud y movimiento a todo y que además combinan el agua con el verde de manera asombrosa.
San Petersburgo, cuna de la Revolución Rusa, llamada Leningrado entre 1924 y 1991, víctima de un bombardeo alemán ininterrumpido de casi 30 meses durante la Segunda Guerra Mundial y la más europea de las ciudades rusas, conserva esa mística que la hace diferente, atractiva, disfrutable.
Ayer, sus movidas avenidas, sus coloridos bares, sus prolijos parques, sus conmovedores monumentos y sus icónicos edificios estaban salpicadas de celeste y blanco, con miles y miles de argentinos que ya esperan ansiosos el cruce de hoy.
Habrá que ver qué recuerdos guardaremos de ella después de lo que suceda con nuestra selección.
Es la segunda ciudad rusa con cinco millones de habitantes y tiene otro ritmo a diferencia de la capital, Moscú.
