Un día River recuperó su lugar
Volvió a Primera. Después de aquel mazazo que le dio Belgrano hace casi un año, el Millonario revivió y retornó a la máxima categoría argentina. Así, se terminó el calvario de uno de los más grandes.
Ya está, se terminó el calvario. Exactamente 363 días después de aquella tarde histórica del 26 de junio de 2011, cuando Belgrano lo mandó al descenso en pleno Monumental, River regresó al sitio de donde nunca supuso que alguna vez podía llegar a irse.De nuevo en Primera A, como campeón de la B Nacional, millones de hinchas millonarios de todo el país que llenaron estadios donde quiera que jugara o se imantaron a las pantallas de televisión se volvieron locos celebrando el ascenso. Pero también hubo muchos que sintieron algo parecido al pudor por tener que festejar el retorno a la máxima categoría.
Cuando se despertaron del mazazo que significó aquella caída ante los celestes, jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y los hinchas supusieron que el paso por la B Nacional sería para River una marcha a paso redoblado. Y que el peso de su camiseta alcanzaría y sobraría para sacarle una enorme ventaja al resto de los equipos y ascender mucho antes de que termine el torneo.
Está claro que eso no sucedió. Que River no marcó amplísimas diferencias sobre sus adversarios y que estos no fueron tanto menos como se creyó. Por eso debió esperar hasta la última fecha para celebrar.
Por eso, también, cada una de sus cinco derrotas ante Aldosivi de Mar del Plata (1-2 en San Lorenzo), Atlético Tucumán (0-2 en el Monumental), Boca Unidos (0-1 en Corrientes), Atlanta (0-1 en Vélez) y Patronato (0-1 la semana pasada en Santa Fe) se tomó como una ofensa. Algo impropio de su historia que lo apartaba de su objetivo final.
Costó demasiado
Matías Almeyda, un histórico de pertenencia millonaria indiscutible, se hizo cargo de pilotear desde el banco el operativo retorno.
Prometió un River protagonista en todas las canchas y cumplió. Pero no pudo imponerle a su equipo una línea de juego definida.
Varias veces dio la impresión de que River jugaba a lo que le saliera. Y pese a haber traído cuatro refuerzos desde Europa (Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez en el comienzo del torneo; Leonardo Ponzio y David Trezeguet para la segunda rueda), cuando le tocó ganar, no siempre lo hizo con holgura y brillo.
Dos veces River venció en tres partidos consecutivos: fue en las tres primeras fechas de cada rueda cuando superó 1-0 y 2-0 a Chacarita, 3-1 y 3-0 a Independiente Rivadavia de Mendoza y 3-1 y 4-1 a Desamparados. Después, le resultó imposible reiterar esa racha.
De todos modos, River tuvo mucho más poder ofensivo que el resto. Fue el equipo más goleador del torneo con 66 tantos y en varios partidos, Almeyda apostó fuerte y puso el famoso tridente con Cavenaghi (19 goles) y Trezeguet (13 goles, todos en la segunda rueda) de punta y "Chori" Domínguez (4 goles) retrasado.
Más allá del muy buen aporte de Trezeguet, el autor de los dos últimos goles de la temporada, la fórmula no dio el resultado esperado.
Acaso porque siempre faltó un generador de juego. Alguien que abastezca a esa triple punta de lanza y administre los tiempos y los ritmos de un equipo que a menudo jugó como si de cada pelota dependiera el ascenso.
Pero no todo se limitó al poderío de las grandes individualidades de la mitad de la cancha hacia arriba, apuntaladas desde el banco por Rogelio Funes Mori. La campaña que devolvió a River a Primera también se sustentó en un medio campo en el que Ezequiel Cirigliano (y en menor medida Lucas Ocampos que decayó en la segunda rueda y debió ir al banco) se consolidaron como dos grandes apariciones de los últimos tiempos “millonarios”, bien sustentados por la experiencia y el despliegue de Ponzio.
La defensa recibió 28 goles y nunca terminó de inspirar confianza. Leandro Chichizola y Daniel Vega se repartieron el arco una rueda cada uno sin terminar de dar garantía de solidez absoluta. Y aunque alguna vez probó con línea de tres, la línea de cuatro se mostró blanda, con falencias individuales y de funcionamiento.
Hubo defectos, desde luego. Y demasiados partidos en los que el equipo jugó mucho menos de lo que debía o en los que tuvo que esforzarse más de la cuenta para ganar. Pero el peso de sus individualidades y una propuesta ofensiva que nunca se negoció han repuesto a River otra vez en Primera A. Bienvenido, entonces, al lugar del que nunca debió haberse ido, entre los grandes del fútbol argentino.

